Lista 3.0

Como la vida da muchas vueltas, me ha parecido curiosa la idea de hacer ahora, más de dos años después de la última, hacer una nueva revisión de la lista de grandes éxitos en mi música según san Last.fm.

Como se puede imaginar, dos años y medio largos sin actualizar deparan, inevitablemente, grandes cambios en las listas. Y eso que, en el último año y medio más o menos, mis hábitos “ipod-eros” han dado un cambio radical. Las largas horas en autobús y, ahora, en coche, me han llevado de la escucha pura y dura de música a unos hábitos más centrados en la escucha de podcasts (en concreto, de la Rosa de los Vientos, de la cual en el tiempo mencionado habré escuchado al menos unos 200 programas), al menos en los citados desplazamientos. Por lo tanto, el grueso de horas de escucha se me van en podcasts, y música escucho en los ratos intermedios. Pese a todo, la cuenta de escuchas de Last.fm asciende en éstos momentos a 33675 canciones (seguramente antes de acabar el post serán algunas más) desde Agosto de 2005. Como suelo sincronizar lo que escucho en el ipod, seguramente la cantidad de canciones que haya escuchado, sin contar bares y youtube, no se irá mucho de esa cifra.

Pero, en fin, vayamos al tajo, es decir, a la lista:

Lista de Grupos

1. Def Con Dos: 865 escuchas
2. Children of Bodom: 691
3. Tenacious D: 671
4. Muse: 666
5. Babylon Chat: 501
6. In Flames: 481
7. Jeff Buckley: 480
8. Ktulu: 450
9. Koma: 440
10. Lacuna Coil: 425

Para labores comparativas, enlazaré las listas anteriores:

Lista de Julio de 2007

Lista de Mayo de 2006

Y bueno, ya podéis criticar cómodamente mis hábitos auditivos. Para más precisión en el cotilleo, en el enlace a Last.fm podéis ver tanto las listas completas, como parciales, mis canciones favoritas, etc. Aprovechad para usar esa información en mi contra.

Recordatorio

Si te preguntan por mí, dí que no estoy. Dí que un día salí a por tabaco y nunca más se supo. Reniega de mí cuando te pregunten, invéntate un pasado en el que nunca fui más que un conocido, o cuenta que era uno de esos tipos a los que dices hola y se pegan como lapas pretendiendo ser amigos de toda la vida. Niégame tres veces, o diez, o mil, convénceles de que nunca existí cuando te pregunten por mí.

Rompe mis fotos, quema mis cartas, bórrame de tus recuerdos. Deja que el viento se lleve todo rastro de mí, que mi existencia se vaya como un diente de león mecido por el viento. Dáme la espalda, cruza la calle cuando me veas en tu misma acera, huye del bar dejando el café intacto cuando me veas entrar. Escúpeme, pégame, llora de rabia si no consigues deshacerte de mí.

Ódiame como me odio yo, no me compadezcas, ni me defiendas, ni me justifiques. No tengas en cuenta mis escasos aciertos, incide en mis errores, hurga en la herida, haz leña del árbol caído. Recuerda que si mil monos con sus máquinas de escribir acaban publicando Hamlet, así yo puedo hacer algo bien por puro azar.

Cava una fosa, pon una lápida a mi nombre, publica mi esquela en el periódico. Si te preguntan por mí, enséñales mi tumba, diles que el yo que pudo ser pero nunca existió descansa ahora a dos metros bajo tierra…

¿Estamos equivocados?

Me parece un tema de discusión interesante, la verdad. ¿Acaso no es una buena pregunta?. Es evidente que precisa una explicación más profunda, porque la verdad es que, aisladamente, no admite discusión: el hombre, tanto a nivel individual como colectivo, se equivoca. Y muchas veces, además.

Es evidente que, a escala planetaria, hemos cometido montones de errores que han llevado a que el mundo esté hecho una auténtica mierda. Nuestra voracidad durante los últimos años, desde la Revolución Industrial, nos ha llevado a una situación fascinante: escasez de muchos recursos, aguas contaminadas, cielos oscurecidos por la polución, el clima volviéndose loco… una maravilla. ¿Os acordáis del agujero de la capa de ozono? En los años ochenta fue la plaga de las plagas, lo que nos iba a aniquilar, y como hace tiempo que no va a peor, nos hemos olvidado de él. Pero lo último que leí al respecto es que, gracias a él, la Antártida se ha ido librando del deshielo. Es decir, que cuando el agujero se cierre, estaremos más jodidos que cuando amenazaba con achicharrar toda vida sobre la Tierra.

Y ahí es a donde quería llegar. ¿Hasta qué punto nos equivocamos? Si algo nos enseña el ejemplo del agujero de la capa de ozono, es que en realidad, cuando hablamos de cambios, o intentos de cambios, a éstos niveles, las consecuencias pueden ser imprevisibles, y puede no haber una salida buena. No, no es como si realmente estuviésemos haciendo algo para salvar el planeta. En realidad, hablamos mucho, pero al final nos peleamos porque lo que realmente queremos es seguir jodiendo el planeta, pero no tenemos huevos para admitirlo. O, mejor aun, dejar de joderlo, pero sin perder nada por el camino. Contaminar menos, sin gastarnos un euro, sin disminuír tan siquiera un uno por ciento nuestra tasa de beneficios, sin parar nuestro tren de vida y sin cambiar nuestros hábitos. Es decir, queremos que Dios baje, toque el planeta con su dedo omnipotente, y lo arregle todo.

Pero eso no va a pasar. Si existe Dios, cosa que nunca he sido capaz de creer, en realidad estará deseando que la liemos parda, que nos extingamos, para poder empezar a jugar a la evolución con las cucarachas y las ratas. Para él debemos ser un experimento fallido, ese hijo del que se avergüenza y al que recorta de las fotos intentando que las visitas se olviden de que existió alguna vez. Por lo tanto, si queremos seguir aquí al menos hasta el próximo cambio de siglo, tendremos que apañárnoslas solitos. Y la pregunta es: ¿acertamos con nuestras ideas sobre cómo habría que afrontarlo? Por ejemplo: hablamos de reducir las emisiones contaminantes, pero podría darse el caso de que, la disminución de ciertos gases (CO2, que es el eterno sospechoso habitual) sin reducir las emisiones de otros en los que ni siquiera hemos pensado, diese como resultado una atmósfera diez veces más irrespirable que si siguiésemos contaminando igual. O, en el empeño de salvar a todas las especies de la extinción, podríamos favorecer la proliferación de plagas, y de repente resultaría que muchos de esos animales estaban mejor extinguiéndose.

No, no hablo de nada concreto, pero da la sensación de que, si finalmente decidimos hacer algo para salvarnos, sería buena idea no cometer los mismos errores de siempre, y no deberíamos tomar las decisiones para “salvar al mundo” tan a la ligera como en su momento tomamos la decisión de destruirlo, porque podría salir igual de mal.

Charlas con el señor Negro

El señor Negro está sentado frente a mí, en el rincón más oscuro del pub, donde la oscuridad impide distinguir el negro de la cerveza de la oscuridad de los tablones que conforman la mesa, tablones oscurecidos por el barniz, el humo y los años. Se inclina hacia adelante, sujetando el vaso entre las dos manos y girándolo despacio, absorto, como si buscase algo en el rastro de espuma que va dejando la cerveza al bajar de nivel.

Pasan unos minutos así, ambos frente a frente, en silencio. Un silencio natural, ayudado, eso sí, por los tragos ocasionales de cerveza. No es hasta que mi pinta de cerveza negra está mediada cuando por fin comienza a hablar. Habla despacio, sin levantar la vista del vaso, como si hablase sólo:

-Dime, Chema, ¿qué opinas del amor? -me dice de sopetón-. Es decir, no te hablo de qué opinión te merece, sino algo más profundo. ¿Existe realmente el amor? ¿Puedes asegurarme que lo que sientes cuando alguien te atrae, te gusta, o como quieras llamar a esa reacción física, es lo que decimos que es?

Supongo que la cara de confusión que tengo en ese momento es bastante evidente, ya que no sé qué responderle al tema. Pero no importa, porque desde que ha empezado a hablar no ha levantado la vista, y es obvio que no espera una respuesta.

-Pogamos, como ejemplo, la monogamia. Simplemente como ejemplo. No es exactamente amor, pero se supone que tienen relación, que cuando amas a alguien debes ser monógamo y no encamarte con nadie más. En los animales, saber si tienen una sóla pareja, o varias a lo largo de su vida, o si se lo montan en plan bacanal, es muy sencillo. Les observas, ellos hacen lo que les dice el instinto y tu averiguas sus preferencias. Pero con el hombre, no funciona. Si observas a un animal, sabes que va a hacer lo que su instinto le dicta. Un animal no se para a pensar en tonterías. Pasa por delante de una hembra en celo, se da cuenta, e intenta fornicar con ella. Pero con el hombre, muchas características “innatas” no las conoceremos nunca. Tienes otra capa, la cultura, sociedad, da igual, que hace de filtro. ¿El hombre es monógamo o es en cambio la monogamia un vestigio de manipulaciones sociales pasadas?.

-Bueno -titubeo- ¿realmente importa?. Es decir, sea algo cultural, o instintivo, el caso es que “es”, existe, y aquí, y en éste preciso momento, podemos decir que el amor es tal y cual cosa.

-¿Estás seguro?. En cambio, dices “tal y cual cosa”, en lugar de darme una definición de lo que es. Ya lo sé, ahora me vas a salir con toda esa mierda de que el amor es algo indefinible, algo que se siente, y ya está. La misma mierda que nos ha vendido la moral imperante, para que no nos demos cuenta de lo que de verdad pasa.
-La realidad es que, mal que nos pese, no es una constante. Dependiendo de lo arraigada que esté en nosotros la cultura, nos rendimos en mayor o menor medida a ella. Tú eres un buen chico temeroso del qué dirán, y para tí el amor es algo puro y cristalino. Y me parece bien, no te confundas. Pero las estadísticas dicen que la cantidad de gente que reconoce ponerle los cuernos a su pareja es abrumadora. Y eso sin contar a los que lo hacen, pero no lo reconocen ni siquiera en una encuesta anónima. Sin contar las parafilias, que hay de todo. Fijo que a alguien le excita que le susurren “trisqueidecafobia” al oído. De todo esto sólo se puede sacar una conclusión, y es que el amor no existe, o al menos no es lo que pensamos. Algo que para cada cual tiene un significado distinto, que depende de dónde has nacido, cómo te han educado y lo retorcido que eres, no se puede considerar una verdad absoluta. No dejará de ser una opinión, y por lo tanto, no creo que se deba juzgar a nadie por ello.

-¿Pero tú me hablas de amor o de sexo? -replico, para no parecer un espectador pasivo de su monólogo.

-¿Acaso importa?

Y entonces, el señor Negro se levanta, apura su bebida de un trago y, como siempre, deja que pague yo mientras cruza la puerta y se va, desapareciendo hasta la próxima vez en que vuelva para darme algo en qué pensar.

Habemus Coche

Pues sí. Más por necesidad que por gusto, todo sea dicho, pero… ya tengo coche. La necesidad de ir a Zaragoza en horarios incompatibles con los buses obliga. Y como llevarme el Safrane es una putada tanto para mí (demasiado grande) como para mis padres (que se quedan sin coche mientras yo no esté), se ha comprado un pequeñín para que lo lleve yo. Un Clio del 97 (o 98, según la matrícula) que no corre casi nada pero que me sobra para lo que lo necesito. Lo único malo es que tengo que volver a cogerle práctica a eso de conducir (llevo un año prácticamente sin) aunque me voy manejando bastante bien…