Cada cual tiene unos temas que le atraen especialmente, por la causa que sea. El mío son las cosas con ruedas. Y dentro de el mundo de las cosas con ruedas, los récords de velocidad me resultan especialmente llamativos. Ubicar el inicio de cierto interés resulta sumamente complicado. Pero podemos situarlos en esa época en la que yo era un niñito friki al que su madre le compraba colecciones como la Biblioteca de los Jóvenes Castores o libros del estilo de “Como Funcionan las Máquinas”. Obviamente, la información que puede obtener un niño de, como mucho, cinco años en libros apropiados para su edad al respecto no es muy alta, pero al menos estaba familiarizado con nombres de vehículos como Blue Flame o Thrust 2. Por eso, y porque la aventura de Honda en Bonneville ha resucitado mi interés en el tema, ahora os haré un breve repaso por la historia más o menos reciente de los récords de velocidad.
Obviamente, un repaso en profundidad me llevaría mucho tiempo y espacio, pero al menos hablaré sobre los últimos records, la historia iniciada por Craig Breedlove y sus Spirit of America. Desde luego que no soy un experto en el tema, y si sabéis inglés es mucho más recomendable una búsqueda en la wikipedia y luego profundizar desde ahí en la historia de cada vehículo y sus creadores. También es recomendable echarle un ojo a ésta historia, mucho más completa que la mía, y al índice de esa página, donde encontraréis muchos datos y biografías sobre los personajes más importantes de ésta historia.
El interés de empezar en este momento está claro. Desde el primer récord de Breedlove (no homologado, ya que al tener tres ruedas se consideró su primer Spirit of America como una motocicleta), en dos años el récord subió desde los 634,39Km/h anteriores hasta los 966,574, que fué el último récord de Breedlove, todo ello en medio de una interesante lucha entre varios coches y creadores, con historias realmente apasionantes. Después de aquellos intensos años, desde 1963 a 1965, la lucha por el récord se enfrió bastante, y desde entonces tan sólo se ha batido en cuatro ocasiones (aunque, como veremos, hay quien se empeña en que ha ocurrido más veces).
En esos años se produjo una interesante batalla, en la que tres contendientes lograron en algún momento hacerse con el título de coche más rápido de la tierra. Curiosamente, dos de esos coches habían sido desarrollados por los hermanos Arfons, Walt y Art, de los que el más conocido es Art, con su Green Monster. Fueron años intensos en Bonneville, aunque en realidad allí todos los años lo son ya que es el lugar preferido por los aficionados para probar sus locos cacharros.
De estos tres contendientes el menos prolífico fue el Wingfoot Express, del mencionado Walt Arfons y Tom Green, que pese a prometer sobre el papel, sólo tuvo un récord de 668,027Km/h durante tres días antes de ser superado por el Green Monster de su hermano Art. Pese a todo, el diseño del vehículo era prometedor, como lo era también su descendiente, el Wingfoot Express II, propulsado por cohetes pero que pese a demostrarse rápido (llegando a superar los 900Km/h) no pudo batir récords debido al escaso tiempo de impulso que le daban los cohetes.
Más prolífico fue el Green Monster, diseñado a ojo en el jardín de su casa por Art Green, y que llegó a alcanzar los 927,872Km/h. Con él, entre 1964 y 1965 batió el récord en tres ocasiones. Para hacerse una idea del tipo de medios con que contaba, los motores de turbina utilizados, a parte de no contar con información oficial acerca de ellos, los probaba atándolos a los árboles del jardín. Pese a lo precario de los recursos utilizados en sus vehículos, el resultado es, sin duda, exitoso, como demuestran los récords obtenidos. Como curiosidades, mencionar que mejoras sugeridas por Art llevaron a la consecución del récord del Wingfoot Express de su hermano, o que aún hoy posee, con un vehículo anterior al Green Monster que le hizo famoso, el récord de velocidad en un vehículo con habitáculo abierto (vamos, el descapotable más rápido del mundo).
El tercer contendiente el la época, al menos en esta clase (ya que la de vehículos con ruedas motrices, tras la aparición del Spirit of America, pasó a ser harina de otro costal) fue Craig Breedlove y sus Spirit of America, de los cuales hasta la fecha ha realizado tres diseños. Con ellos batió el récord en cinco ocasiones, siendo su mejor marca 966,574Km/h. Además, tiene el honor de ser el primer hombre en haber batido tanto las 400mph como las 500 y las 600. Recientemente fue la oposición al actual récord, obtenido por el Thrust SSC británico, pero pese a la belleza de su SoA Sonic Arrow no consiguió batir el récord, sufriendo un accidente en uno de sus intentos a mças de 1000Km/h. De todos modos insiste en que aún intentará batir el récord y llegar a las 800mph.
Tras aquellos años locos, la cosa se enfrió bastante. Sobretodo después de que en 1970 el Blue Flame, conducido por Gary Gabelich y relativamente polémico al ser, como el primer Spirit of America, un vehículo de tres ruedas, fuese el primer vehículo en superar los 1000Km/h en tierra, con una marca de 1014,52 que se mantuvo durante 13 años. El Blue Flame es, quizás, uno de los contendientes más bonitos, con su forma de misil, su estructura de triciclo, etc. Al parecer, la muerte de Gabelich en 1984 frustró los planes de construir un nuevo Blue Flame que hubiera sido más rápido aún.
Y hasta aquí los récords con bandera americana. En 1983, el británico Richard Noble “devolvió” el récord al Reino Unido con su Thrust 2. El margen de mejora fue pequeño, dejándolo en 1019,47Km/h, pero bastó durante 14 años. El coche en cuestión no deja de parecer una versión de las ideas del Green Monster, aunque convenientemente actualizado y mejorado. Finalmente, en 1997 llegó el Thrust SSC. El primer coche supersónico, que ha dejado el récord hasta ahora en unos impresionantes 1227,99Km/h, o mach 1.02. El coche en cuestión es el que aparece en la imagen con su correspondiente estampido sónico, y consiste básicamente en dos enormes motores Rolls Royce adosados a un cuerpo con forma de misil.
Y hasta aquí hemos llegado. Por el camino queda el controvertido Budweiser Rocket, que en 1979 afirmó romper también la barrera del sonido. El diseño del vehículo no deja de ser similar al del Blue Flame, quizás más estilizado, aunque probablemente eso mismo es lo que hace que su récord no se considere récord alguno. El coche, el día del récord, sólo hizo una pasada en lugar del ida y vuelta necesario. Además, la medición es dudosa ya que el radar que en principio debería haberlo detectado captó en su lugar un camión, y la cifra publicitada, 1190, se calculó a posteriori de manera cuando menos dudosa.
Actualmente, a parte del supuesto interés que sigue demostrando Breedlove, hay otros proyectos en marcha, como el Aussie Invader V, el North American Eagle o el Freedom LSRV, aunque siendo sincero no los veo demasiado maduros como para ser verdaderos contendientes. Tienen demasiado tufillo, en mi opinión, a coche de garaje, y para romper la barrera del sonido de forma efectiva probablemente se necesite algo más que pasión y dedicación. Aunque bueno, el tiempo dirá hasta dónde puede llegar el récord.

