No puedo volver a dormirme. Me encantaría, pero no lo consigo. La muchachita de UPS (la misma de ayer, quejándose aún del “sabe dios qué” que le hace complicado subir escaleras) hace un rato que se llevó el teclado (el inglés). Como ayer me acosté a eso de las dos y media o tres menos algo, mi cuerpo opina que ya ha dormido suficiente. Máxime cuando en aproximadamente una hora me he despertado tres veces. Entre la muchacha, mis padres y mis sueños extraños… es lo que tiene.

Ains… sueños extraños. En mi sueño, no recuerdo cómo, ligaba. Supongo que como me acosté pensando en la ínfima posibilidad de que eso pase, ello habrá influído en mis sueños. Y es que, analizando mi vida a día de hoy… como que la palmaré solito. No hay “candidatas”, y las que por h o por b podrían serlo, hay una lista enorme de razones para que no lo sean. Estoy acostumbrado a vivir con ello, y en condiciones normales no supone un problema. Pero como con tantos temas en mi vida, a ratos se me va la olla y me rallo por ello. Nada preocupante, realmente. Pero en determinadas situaciones, con determinadas cosas en mente y con determinadas frases grabadas a perpetuidad en ella (o al menos durante un tiempo suficientemente amplio), puede darse el caso.

Y eso que la gente tiende a ser más optimista al respecto que yo. Supongo que, en realidad, nadie me conoce desde una perspectiva lo suficientemente amplia como para comprender mi punto de vista negativo al respecto. Y es que supongo que en general puede parecer que no soy tan malo como me pinto y que mi situación al respecto no debería ser tan mala como la pinto. Pero si juntamos todas las piezas de mi puzzle (algunas de las cuales soy el único que tiene, y así será probablemente para siempre) el resultado es obvio.

Pero bueno, paso de darle más vueltecillas al tema. Que la única razón de que ande escribiéndolo es a ver si sale un poco de mi azotea y consigo dormir, que son las nueve y paso de pasarme la mañana despierto, que son demasiado largas y aburridas…