Pues sí. Derecho a pataleta. De acuerdo que casi todo en mi vida es culpa mía, pero leches, al menos tendré el derecho a quejarme. No obstante, ni me van bien las cosas ni soy tan siquiera mínimamente feliz. Y digo yo que cuando uno se siente así, pues al menos puede quejarse, ¿no? Además, no es como si escribiese para una audiencia multitudinaria. Me seguís leyendo los cuatro de siempre, y si no os interesan mis posts, lo tenéis muy fácil: no hay ningún contrato que os obligue a leerlos. Seguro que no sería el primer post que no leéis. He escrito demasiadas tonterías y demasiadas rayadas repetidas como para esperar que las leáis.

Pero tranquilidad, que ahora no me voy a extender mucho. De hecho, ésta es la última frase del post.