Pues sí, soy un ejemplo perfecto de lo que es la estupidez humana. En un alarde de ingenio, se me ocurrió destripar la impresora, ésa que llevaba meses “muerta”. Simplemente estaba atascada. De acuerdo, era un atranque que no se veía a simple vista, y que además fue complicado de solucionar, pero eso no quita para que en su momento no comprobase bien todas las opciones posibles antes de darla por perdida…
De todos modos, no os cuento nada que no supieseis: que soy más tonto que las piedras.

