¡¡Mierda, mierda, mierda!! Llevo un par de días con el ánimo “extraño”. La verdad es que estoy dándole demasiadas vueltas a ciertas cosas a las que hace tiempo que había dejado de darles vueltas. Y estaban muy bien, allí abajo, quietecitas. Remover aguas que en tiempos fueron turbulentas y ahora están en calma no suele ser buena idea. Hace que afloren cadáveres que en tiempos se dio por simplemente desaparecidos, y que ponernos a investigar ahora no nos llevará a buen puerto.

Además, no deja de ser curioso. Cuando esos pensamientos empezaron antes de ayer, era con un cierto optimismo de ver que, en el fondo, ahora estoy bien, he cambiado mucho y, en cierto modo, no me desagrado del todo. En cambio hoy ya vuelven a ser los pensamientos derrotistas, y toda la mierda que siempre me acompaña. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo darme un minuto de respiro? ¿Por qué mi cerebro se empeña en joderme la vida? Es que hasta las buenas noticias, o los buenos pensamientos, acaban convertidos en lo de siempre. Y ya me canso, y sé que realmente el único que podría cambiar todas esas cosas soy yo, pero al mismo tiempo sé que hay algo en mi interior que no quiere que todo sea de otra manera, que quiere que me sienta mal.

La pregunta sería el típico “¿y qué es eso que hace que te empeñes en estar mal?”. Y muchas veces he sospechado que la respuesta es que, mientras me sienta así, quizás encuentre una justificación moral que explique muchas más cosas y me evite introducirme en una vorágine de cambios en mi forma de actuar y mi estilo de vida que la parte pasiva de mí no está dispuesta a afrontar. Dicen aquello de “yo soy yo, y mis circunstancias”. Pero mientras no me libere de mis circunstancias, nunca llegaré a ser el “yo” que debo ser…

¿Cómo se libera uno del pasado y de los traumas fuertemente arraigados? Se admiten sugerencias, porque sé que puedo ser mucho mejor de lo que soy, simplemente borrando las circunstancias del mapa.