Sólo un vaso más. Sólo un trago más que me ayude a olvidar, a internarme en los dulces brazos de la inconsciencia y el olvido, de la ignorancia de los tiempos pretéritos. Dos cubitos de hielo, tres dedos de vodka, cuatro tragos. El recuerdo y el dolor se desvanecen, al menos por un rato, acompañados de esas neuronas que ya nunca volverán. El alcohol hace su efecto, eficaz a la par que inútil, haciéndome olvidar al tiempo que mañana esos recuerdos aparecerán más vívidos que nunca, al rememorar mis intentos de ahogar las penas en el olvido.
Pero el olvido nunca llega, el olvido nunca es gratis, y nunca es permanente si es lo que deseamos. Basta desear olvidar algo con todas nuestras fuerzas para grabarlo a fuego en lo más profundo de nuestro corazón, donde permanece por siempre y nos persigue como un fantasma en las noches de insomnio. Fantasmas del pasado, crueles, implacables, de los que nunca se logra escapar.
Delirios nocturnos que nos persiguen al entrecerrar los ojos… buenas noches, luna.


Ni cuando deja de importarte se olvida. Cruda está la cosa :
Dicho por Miky el 25-02-2008 a las 17:52