Lost In Translation

lost in translation Pues qué decir de una de mis películas favoritas… Podría decir muchas cosas, o muy pocas. Todo depende de a quién se las digas…

Una de esas cosas que hacen fantástica a ésta película es su ritmo. Un ritmo pausado. Que casa perfectamente con la situación de los protagonistas, que durante toda la película son incapaces de dormir por culpa del Jet Lag. Ese ritmo lento, esa sensación de que no pasa nada, o que pasa muy lentamente… me fascina, me atrapa completamente. Quizás sea porque yo soy un poco así, lento. También engancha la fotografía, sublime. Esos planos con Scarlett Johansson sentada junto a la ventana viendo los tejados de Tokio, esa ciudad bulliciosa, esos templos dónde se respira paz… Todo colabora para llevarnos a otro mundo completamente diferente al nuestro, con costumbres distintas, con ritmos distintos… y a la vez nos sumerje en cómo se sienten Charlotte y Bob, ayudándonos a identificarnos con ellos y entender cómo puede surgir una “amistad con toques de algo más” entre esas dos personas tan distintas en su situación y en su edad, ayudados por esa situación.

La historia en sí, para resumirla un poco, nos habla de como Bob Harris, actor un tanto venido a menos, o al menos eso nos dan a entender, llega a Tokio para rodar un anuncion de Whisky Santori. En su estancia, ayudado por la falta de sueño, conoce a Charlotte, que acompaña a su marido, fotógrafo, y pasa muchas horas también sin poder dormir y sin nada que hacer en el hotel. Entre ellos se fragua una peculiar amistad, entre una joven que busca su objetivo en la vida y un cincuentón que lo tuvo pero parece haberlo perdido un poco. Esa sensación de encontrarse perdidos, tanto en la vida como en la para ellos extraña Tokio, es el catalizador de ésta tierna historia.

En definitiva, una película que os recomiendo encarecidamente. Una historia intimista, que nos habla de los sentimientos de dos personas muy diferentes, con una puesta en escena deliciosa, unas actuaciones magistrales, que nos da una sensación de delicadeza y ternura a la que yo al menos soy incapaz de resistirme. Por algo es una de las pocas películas que me han arrastrado al cine dos veces, y además en éste caso fui yo el que insistió en volver…

The Offspring - Smash


¿Qué puedo decir de éste disco? Puede que estemos hablando del disco más influyente en mi vida. Ése disco que oyes y marca un antes y un después para tí. Para mí, ese disco fue Smash.

Debía ser… en torno a Febrero de 1996 (no recuerdo la fecha, pero si fue en un viaje a esquiar cuándo estaba en 2º de ESO, tiene que ser ese año). El caso es que en el viaje de ida (y también en el de vuelta) me senté con Marcos. Supongo que soy el único de los lectores del blog que le conoce (aunque creo que yendo con Kike y Xavi me lo encontré y le saludé una vez, aunque no le recordarán), pero hay que darle al césar lo que es del césar. Yo llevaba mi walkman, porque en aquella época usar un walkman era de lo más natural, la gente usaba cintas de cassette piratas como algo natural y un reproductor de CD’s era algo que se veía en minicadenas y en algunos autoradios y ordenadores modernos. En algún momento del viaje me dejó una copia del Smash. Si ya es un disco con un sonido bastante guarrete, la cinta estaba bastante cascadeta y se oía de culo. Pero aún así, flipé en colores. Creo que no volví a escuchar otra cosa en todo el viaje.

Días después conseguí que me la volviese a prestar, y la copié a una cinta aún más cascada, pero seguí escuchándolo a todas horas. Se convirtió en mi disco favortito durante bastante tiempo. Hay una imagen que asocio inevitablemente a ése disco. En ella aparece un Chema joven. Lleva el walkman y suena Genocide (aprovecho para mencionar que es la canción que más me gusta de ése disco). Está en medio de los monegros, escuchándola y pasando de todo un poco bastante. Obviamente, es una escena real, y se produjo en alguna de aquellas comidas en el campo con mis padres y sus amigotes. Supongo que escenas similares habrá habido muchas, pero esa en concreto la recuerdo. Simplemente éso.

Siempre he pensado que sin aquél disco, sin aquél viaje a la nieve, toda mi vida habría sido muy diferente. Fue en aquel viaje dónde las relaciones con los amigos de toda la vida del pueblo empezaron a deteriorarse. A partir del Smash, durante un tiempo todo fue cuesta abajo, hacia ciertos fantasmas que siguen persiguiéndome en ocasiones. Supongo que, en realidad, más que ser por culpa de aquel viaje, habría que decir que fue gracias a él. Vale, fue una época oscura, pero yo no sería quién soy ahora si no fuese por ésa época, y entonces seguramente no estaríais leyendo ésto, y todo sería diferente, y la verdad es que no todo me desagrada en mi vida, así que… bien está lo que no acaba del todo mal.