Pues nada… volvemos a lo de siempre, cumpleaños, bajoncete… paso de rayaros.
Me acabo de encontrar con éste artículo, que me parece muy interesante. Trata sobre la imagen virtual que tiene la gente en internet, y el modo en que la “distorsionamos”, favoreciendo ciertos rasgos, aquello que nos interesa que sepan sobre nosotros. Yo siempre me he preguntado qué imagen doy por éste medio. No creo que sea muy distinta de lo que realmente soy, ya que mi presencia en redes sociales es relativamente escasa y éste blog tiene una difusión muy escasa y entre gente que me conoce bien, y no tendría sentido intentar engañaros conscientemente. Quizás mi subconsciente sí que sea algo oscurantista, pero generalmente creo que lo que leéis es lo que hay.
De acuerdo que en más de una ocasión se me ha acusado de ser “vago” en la descripción de ciertas cosas, en torno a los post más personales. Pero es que soy así en todos lados. Hasta aquella persona con la que más sinceridad haya tenido respecto a ciertos temas encontrará enormes lagunas alrededor de ciertos temas, que ni siquiera la cerveza es capaz de hacerme llenar mucho más de lo que veis por aquí. Hay muchas palabras biensonantes para describir ése rasgo mío. Podría usar el término “misterioso”, que quedaría de lujo si buscase citas a ciegas, o “reservado”, que siempre suena a tipo sensible y que no quiere importunar al resto con sus comeduras de cabeza. En realidad yo no usaría ninguna de las dos, aunque si os soy sincero no encuentro ninguna que sea apropiada para el concepto tal y como es en realidad. Quizás lo más apropiado sea retrotraerme a un parecido que siempre se me achacó, y decir que soy “Chema el silencioso”.
Pero abandonando el tema egocéntrico y volviendo al artículo, resulta asombroso y fascinante el juego que da internet desde un punto de vista sociológico. En ciertos momentos, y en determinadas situaciones, no puedo dejar de comparar internet con una asombrosa aventura conversacional con vida propia. Los más jóvenes quizás no las recuerden, de hecho yo llegué a jugar a ellas “de refilón”, tras haber descubierto que me gustaban las aventuras gráficas. Sobre éstas, las aventuras conversacionales tenían un cierto “encanto”, y me gustaría volver a verlas. Básicamente se trata de lo mismo que una aventura gráfica, sólo que sin gráficos. En vez de tener la imagen de nuestro personaje y moverlo por la pantalla haciendo cosas, en las aventuras conversacionales teníamos texto. Mediante comandos de texto, nuestro “personaje” se movía, y en pantalla se nos describía la escena que vemos. Cualquier cosa que nos describan en ésa escena es factible de recibir un comando “ver XxX”, al que seguía una descripción de dicho objeto. La verdad es que a mí siempre me fascinó ese concepto de juego. La necesidad de conocer bien los comandos que se podían usar, las descripciones, en algunos casos deliciosamente literarias, era otro mundo.
Si digo que internet me recuerda a aquellos juegos es por esa característica de las aventuras de ser del tipo “prueba y error”. Así como en el “mundo real” si fallas no vuelves a tener otra oportunidad, en internet generalmente sí que existen segundas oportunidades. Puedes hacerte múltiples cuentas en las redes sociales, una “profesional”, con la imagen que quieres dar a tus jefes, y otra “personal” para los amigos (Al respecto recuerdo con una sonrisa en la boca aquella cuenta que hice hace ni se sabe cuánto con dos amigos en Lycos, nuestro “alter ego” se llamaba “Rodolfo Valentino”… sin risas que nos echamos). Puedes probar distintas imágenes que das a la gente, abordar al personal de una determinada manera y, si es mal recibida, probar un nuevo estilo con la siguiente persona con la que hablas en busca de una mejor acogida. Y sin consecuencias reales.
Así que vivimos en una gran aventura conversacional. Y visto desde dicha perspectiva, podría resultar un juego fascinante. Yo, para bien o para mal, no soy demasiado bueno en dicho juego. Aunque me resulta tremendamente interesante las posibilidades que abre, no suelo explotarlas, por pereza o quién sabe por qué. Sólo hace falta ver mi cuenta de Facebook, desierta y sin vida, para ver que “no es lo mío”. Y a veces, en cierto modo, me produce cierta pena el no zambullirme en el estudio de dicho mundillo. Debería empezar a chatear más, o meterme en más foros, o quién sabe qué, y estudiar a la gente, ver cómo son y cómo actúan, la cara que ofrecen en medios diferentes.
Si es que debería haberme puesto a estudiar psicología, o algo así…
1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda Leyes.
Isaac Asimov
Podría afirmar casi sin lugar a dudas que lo más seguro es que los robots no cumplan esas leyes, y eso que a cualquiera le parecen de lo más razonables. El tema es que, seguramente, los robots más avanzados sean usados con fines militares. Obviamente, antes de seguir habría que hacer la distinción entre robots autónomos y robots controlados por humanos. El segundo grupo ya prolifera en muchos campos, también con fines bélicos y rompiendo la primera ley de la robótica. También los hay con fines no-bélicos, obviamente, pero no acaban de venir al caso. Ejemplos de éstos robots serían, por ejemplo, los robots usados para la desactivación de bombas. Habría que hablar también, a parte, de un grupo intermedio. Robots que aunque no son manejados directamente por un humano, responden a órdenes introducidas antes por un humano. Por ejemplo los robots de las fábricas, o los aviones espía no tripulados, que suelen hacer una ruta que se les introduce previamente o sobre la marcha. Los aviones, por ejemplo, pueden tener cierto grado de independencia, de manera que si las condiciones cambian sus sensores le permiten modificar los parámetros para ajustarse al plan previsto. Existe una gran autonomía, pero aún necesitan una gran cantidad de datos de partida. Los robots plenamente autónomos son, obviamente, los que deberían ajustarse a las tres leyes. Un robot autónomo debería seguir las órdenes de un humano en caso de recibirlas, pero ésas órdenes pueden ser muy amplias y necesitar que el robot realice muchos cálculos que en los otros casos realiza el humano. Volviendo al ejemplo del avión, él mismo escogería la ruta, la altura óptima y podría tomar por si mismo la decisión de volver a casa en caso de que las condiciones no fuesen favorables. O podría él mismo escoger el objetivo hacia el que se dirige.A donde quería llegar es a que estarían siendo usando robots con fines ofensivos. Manejados por humanos, sí, pero es el primer paso. En Irak ya se están usando robots armados en tierra (similares, para que nos entendamos, al entrañable Johny 5 de la saga Cortocircuito) y en el aire (creo que están usando los Predator, aviones basados en los primeros robots aéreos de reconocimiento pero armados en éste caso). Por ahora, como digo, son robots manejados por personas, que les dicen dónde colocarse y cuándo comenzar a atacar, pero conforme la tecnología avanza y comienzan a incrementarse las posibilidades de autonomía llegaremos a un punto en que dichos robots decidirán cuándo y dónde atacar. Y lo realmente preocupante es que ésos robots carecerán absolutamente de escrúpulos, seguramente podrán atacar indiscriminadamente sin distinguir las intenciones ofensivas del enemigo (echando un capote a los robots, muchos soldados carecen también de dicha capacidad de discernimiento, pero en los robots sería un problema mucho más acusado) y, más terroríficamente aún, seguramente sean mejores que nosotros a la hora de apuntar o de decidir el punto en el que pueden conseguir más víctimas de manera óptima. Como digo, sin discernir si son “víctimas inocentes” o son “el enemigo”.
Y es de suponer que éste escenario ya lo predijo Asimov, el cual seguramente se remueva en su tumba al pensar en cómo se van a saltar a la torera las leyes que imaginó en busca de un mundo no ya utópico, sino en el que simplemente los errores y las masacres fuesen culpa de la humanidad y no de la precisión de un robot a la hora de decidir a cuánta gente matar. Y todo eso sin creer por un instante en las peores pesadillas en las que los robots exterminan o esclavizan a la humanidad. Cosa que, en el momento en que tomen consciencia de las cosas que les pediremos que hagan, no dudo que sería la mejor elección que podrían tomar.
Vía un podcast de la Rosa de los Vientos y ésta entrevista de la BBC
(Modificado para meter una imagen tremendamente elegante relacionada con Asimov)
Lo he decidido. Me voy a hacer “antihuelguista”. Supongo que no seré el primero, pero al menos creo que no es un “movimiento” todo lo extendido que debería. Y deberíamos promoverlo.
Mi queja es en contra de las “huelgas” que perjudican al usuario y benefician a la larga al empresario, especialmente en el sector servicios. ¿Por qué? Porque ahora los kiosqueros (o al menos en el que suelo ir) están “de huelga” y no recargan la tarjeta bus. Analicémoslo. ¿Qué consiguen? Absolutamente nada. Al no poder recargar la tarjeta, supongo que piensan que la gente no cogerá el autobús e irán andando. ¿Están tontos? Lo que hará la gente será cagarse en los muertos del kiosquero (o de TUZSA, en el caso de aquellos con tendencias más sindicalistas) y coger el autobús, pagando EL DOBLE de lo que pagarían con la tarjeta. Es decir, TUZSA recibe más ingresos por viajero gracias a la huelga. Y si el viajero quiere recargar la tarjeta, fácilmente (al menos a mí me ha tocado) irá a la oficina de TUZSA a hacerlo, con lo cual se ahorrarán trámites y dinero los señores del transporte público. Lo bueno es que la señora del kiosco ni siquiera me ha dicho de que iba la huelga, y no pienso preguntarle. Es una huelga de mierda que únicamente perjudica a los usuarios del servicio público.
Así que yo, a partir de ahora, no volveré a dicho kiosco. En eso consiste mi “anti-huelga”. No creo que la siga a rajatabla siempre, pero al menos es una iniciativa que intentaré tomar. Me resulta sumamente insultante que proliferen las huelgas en las que perjudican más a quien ni siquiera tiene idea de qué va el tema. Y me repatea que la gente encima se posicione a favor de los huelguistas. Es casi tan insultante como imaginar a una asociación de consumidores defendiendo la no liberalización de los horarios comerciales. ¡Ah si! Que eso ya existe. Valiente panda de hipócritas…
P.D. Veo bien que la gente reivindique sus derechos, no estoy en contra de ello, pero al menos que no me vengan a tocar la moral a mí, que por si no se han dado cuenta comen gracias a las revistas que les compro y a las tarjetas del bus que me recargan. Que están en el sector servicios, y se supone que tienen que dar servicio a la gente, y no joderles la vida…
Pues, por recomendación y empeño de Xavi, acabé viendo Zeitgeist. Que, bueno, se deja ver bien y tiene un título precioso (Zeitgeist significa a grandes rasgos “el espíritu de una era“). Como buen interesado en teorías conspiranóicas, no dejo de ser presa fácil para ése tipo de documentales. Mi opinión es que, como cualquier tipo de teoría en ese sentido, hay que creerse lo justo y necesario. Porque no soy aficionado a creerme ése tipo de teorías, sino simplemente a escucharlas. Muchas veces, se trata de hacer grandes mentiras basadas en pequeñas verdades que resultan interesantes.
Como buena teoría conspiranóica, el documental basa sus teorías en los dos grandes tópicos del género. Un gran gobierno en la sombra, y que nos manipulan cómo quieren. Cosas que no niego, pero que veo poco probable que sean tal y cómo nos cuentan. El mensaje final que envía es el de la manipulación. Cómo el cristianismo es una mentira para manipular al pueblo, cómo los ataques del 11S son una mentira y cómo los grandes bancos dominan el mundo manipulando la opinión pública. Se puede creer, o no creer, pero mi inclinación es la de ser bastante crítico con el tema. En cierto modo, mi principal razón es que, el primero que da la sensación de manipulador, es el documental. Me resulta altamente irónico que, para colocarnos en contra de algo, use un lenguaje y unos métodos muy similares a los que supuestamente usa ése algo contra el que debemos ir. El estilo visual y la manera de narrarlo todo, me recuerdan más a panfletos de propaganda totalitarista que a otra cosa. Parece una mezcla entre 1984 y los videos de La Naranja Mecánica, todo ello aderezado con algunos toques “new age”. Pero más allá de eso, la otra sensación que da es que se han sacado gran parte de las ideas de la manga. Te aportan pruebas, sobre cuya veracidad no puedo opinar, pero que aunque fuesen verídicas, no dan la sensación de ser determinantes.
Así que, en general, lo veo tremendamente sensacionalista y catastrofista. Y, por supuesto, “estadounidense-centrista”, ya que se supone que cuatro americanos determinan la voluntad del mundo. Y, lo más interesante de todo, es que no da ninguna razón para creerlo. Porque es incapaz de dejar clara cual sería la motivación para montar semejante tinglado, al menos no en la época actual. Si ese grupo de gente hiciese ésas cosas, ¿Cual sería su motivación? En principio habla de que los bancos querían hacer dinero. De acuerdo. ¿Pero ahora? ¿Por qué seguir más allá si con el actual estado de las cosas (siempre según el documental) ya tendrían todo el poder que podrían desear? No puedo ver como motivación el dinero, ni las ansias de poder, ni nada de éso. ¿Mantener el Statu Quo del que disfrutan actualmente? No, porque para que se rompiese tendría que haber quien lo conociese y tuviese poder para romperlo, y no se da ninguna de las dos premisas.
En resumen, me parece un interesante juego de política-económica ficción, pero no le veo mayor credibilidad. Entretenido, eso sí.

