Habemus Coche

Pues sí. Más por necesidad que por gusto, todo sea dicho, pero… ya tengo coche. La necesidad de ir a Zaragoza en horarios incompatibles con los buses obliga. Y como llevarme el Safrane es una putada tanto para mí (demasiado grande) como para mis padres (que se quedan sin coche mientras yo no esté), se ha comprado un pequeñín para que lo lleve yo. Un Clio del 97 (o 98, según la matrícula) que no corre casi nada pero que me sobra para lo que lo necesito. Lo único malo es que tengo que volver a cogerle práctica a eso de conducir (llevo un año prácticamente sin) aunque me voy manejando bastante bien…

Calentamiento Global

Pues tras otra larguísima ausencia (mil excusas, pero ando demasiado ocupado y me pasan demasiado pocas cosas como para tener nada que decir) vamos a hablar de un tema ciertamente de moda.

Parece que por fin la gente ha dejado de preguntarse si hay calentamiento global o no, pero de todas maneras, como siempre, ha surgido una nueva excusa para no hacer nada al respecto. Enarbolando la pregunta de "Vale, hay calentamiento global pero, ¿es culpa del hombre?", siguen esforzándose para que nadie haga nada al respecto. Claro, a los interesados en el tema les conviene que sigamos quemando combustibles fósiles a punta pala, que así gastan menos dinero, o ganan más dependiendo de a qué sector nos refiramos. Y si, por un casual, se consigue que incluso los ecologistas duden al respecto, mejor que mejor. Y no digo que vayan a conseguirlo, sino que es lo que intentan.

Pero creo que ya va siendo hora de que alguien explique que esa pregunta, haya razones para hacerla o no, la verdad es que no es importante. Porque, aunque pudiera tener sentido y, en consecuencia, darles un síncope a los ecologistas, la pregunta que realmente hay detrás de todo esto es si se puede hacer algo al respecto, y la respuesta es que sí. Aunque fuese un proceso completamente natural y no acelerado por el hombre (cosa dudosa cuanto menos), se puede hacer algo, y entonces, sintiéndolo mucho, la supervivencia de la especie debería preponderar sobre la ecología y la economía. Y si hay que modificar radicalmente algún ecosistema para bajar la temperatura global, o hay que convertir el sahara en un enorme vertedero de CO2 subterráneo, pues mira, se hace. ¿Qué vale más, la riqueza de la Exxon, un ecosistema o la supervivencia de la raza humana? Como todos conocemos la respuesta, ya va siendo hora de que nos dejemos de radicalismos y de preguntas estúpidas y actuemos si no queremos acabar jodidos…

14-5-2008

Pues nada… volvemos a lo de siempre, cumpleaños, bajoncete… paso de rayaros.

La gran aventura conversacional

Me acabo de encontrar con éste artículo, que me parece muy interesante. Trata sobre la imagen virtual que tiene la gente en internet, y el modo en que la “distorsionamos”, favoreciendo ciertos rasgos, aquello que nos interesa que sepan sobre nosotros. Yo siempre me he preguntado qué imagen doy por éste medio. No creo que sea muy distinta de lo que realmente soy, ya que mi presencia en redes sociales es relativamente escasa y éste blog tiene una difusión muy escasa y entre gente que me conoce bien, y no tendría sentido intentar engañaros conscientemente. Quizás mi subconsciente sí que sea algo oscurantista, pero generalmente creo que lo que leéis es lo que hay.

De acuerdo que en más de una ocasión se me ha acusado de ser “vago” en la descripción de ciertas cosas, en torno a los post más personales. Pero es que soy así en todos lados. Hasta aquella persona con la que más sinceridad haya tenido respecto a ciertos temas encontrará enormes lagunas alrededor de ciertos temas, que ni siquiera la cerveza es capaz de hacerme llenar mucho más de lo que veis por aquí. Hay muchas palabras biensonantes para describir ése rasgo mío. Podría usar el término “misterioso”, que quedaría de lujo si buscase citas a ciegas, o “reservado”, que siempre suena a tipo sensible y que no quiere importunar al resto con sus comeduras de cabeza. En realidad yo no usaría ninguna de las dos, aunque si os soy sincero no encuentro ninguna que sea apropiada para el concepto tal y como es en realidad. Quizás lo más apropiado sea retrotraerme a un parecido que siempre se me achacó, y decir que soy “Chema el silencioso”.

Pero abandonando el tema egocéntrico y volviendo al artículo, resulta asombroso y fascinante el juego que da internet desde un punto de vista sociológico. En ciertos momentos, y en determinadas situaciones, no puedo dejar de comparar internet con una asombrosa aventura conversacional con vida propia. Los más jóvenes quizás no las recuerden, de hecho yo llegué a jugar a ellas “de refilón”, tras haber descubierto que me gustaban las aventuras gráficas. Sobre éstas, las aventuras conversacionales tenían un cierto “encanto”, y me gustaría volver a verlas. Básicamente se trata de lo mismo que una aventura gráfica, sólo que sin gráficos. En vez de tener la imagen de nuestro personaje y moverlo por la pantalla haciendo cosas, en las aventuras conversacionales teníamos texto. Mediante comandos de texto, nuestro “personaje” se movía, y en pantalla se nos describía la escena que vemos. Cualquier cosa que nos describan en ésa escena es factible de recibir un comando “ver XxX”, al que seguía una descripción de dicho objeto. La verdad es que a mí siempre me fascinó ese concepto de juego. La necesidad de conocer bien los comandos que se podían usar, las descripciones, en algunos casos deliciosamente literarias, era otro mundo.

Si digo que internet me recuerda a aquellos juegos es por esa característica de las aventuras de ser del tipo “prueba y error”. Así como en el “mundo real” si fallas no vuelves a tener otra oportunidad, en internet generalmente sí que existen segundas oportunidades. Puedes hacerte múltiples cuentas en las redes sociales, una “profesional”, con la imagen que quieres dar a tus jefes, y otra “personal” para los amigos (Al respecto recuerdo con una sonrisa en la boca aquella cuenta que hice hace ni se sabe cuánto con dos amigos en Lycos, nuestro “alter ego” se llamaba “Rodolfo Valentino”… sin risas que nos echamos). Puedes probar distintas imágenes que das a la gente, abordar al personal de una determinada manera y, si es mal recibida, probar un nuevo estilo con la siguiente persona con la que hablas en busca de una mejor acogida. Y sin consecuencias reales.

Así que vivimos en una gran aventura conversacional. Y visto desde dicha perspectiva, podría resultar un juego fascinante. Yo, para bien o para mal, no soy demasiado bueno en dicho juego. Aunque me resulta tremendamente interesante las posibilidades que abre, no suelo explotarlas, por pereza o quién sabe por qué. Sólo hace falta ver mi cuenta de Facebook, desierta y sin vida, para ver que “no es lo mío”. Y a veces, en cierto modo, me produce cierta pena el no zambullirme en el estudio de dicho mundillo. Debería empezar a chatear más, o meterme en más foros, o quién sabe qué, y estudiar a la gente, ver cómo son y cómo actúan, la cara que ofrecen en medios diferentes.

Si es que debería haberme puesto a estudiar psicología, o algo así…

Las tres leyes de la robótica

Isaac Asimov1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda Leyes.

Isaac Asimov

Podría afirmar casi sin lugar a dudas que lo más seguro es que los robots no cumplan esas leyes, y eso que a cualquiera le parecen de lo más razonables. El tema es que, seguramente, los robots más avanzados sean usados con fines militares. Obviamente, antes de seguir habría que hacer la distinción entre robots autónomos y robots controlados por humanos. El segundo grupo ya prolifera en muchos campos, también con fines bélicos y rompiendo la primera ley de la robótica. También los hay con fines no-bélicos, obviamente, pero no acaban de venir al caso. Ejemplos de éstos robots serían, por ejemplo, los robots usados para la desactivación de bombas. Habría que hablar también, a parte, de un grupo intermedio. Robots que aunque no son manejados directamente por un humano, responden a órdenes introducidas antes por un humano. Por ejemplo los robots de las fábricas, o los aviones espía no tripulados, que suelen hacer una ruta que se les introduce previamente o sobre la marcha. Los aviones, por ejemplo, pueden tener cierto grado de independencia, de manera que si las condiciones cambian sus sensores le permiten modificar los parámetros para ajustarse al plan previsto. Existe una gran autonomía, pero aún necesitan una gran cantidad de datos de partida. Los robots plenamente autónomos son, obviamente, los que deberían ajustarse a las tres leyes. Un robot autónomo debería seguir las órdenes de un humano en caso de recibirlas, pero ésas órdenes pueden ser muy amplias y necesitar que el robot realice muchos cálculos que en los otros casos realiza el humano. Volviendo al ejemplo del avión, él mismo escogería la ruta, la altura óptima y podría tomar por si mismo la decisión de volver a casa en caso de que las condiciones no fuesen favorables. O podría él mismo escoger el objetivo hacia el que se dirige.

A donde quería llegar es a que estarían siendo usando robots con fines ofensivos. Manejados por humanos, sí, pero es el primer paso. En Irak ya se están usando robots armados en tierra (similares, para que nos entendamos, al entrañable Johny 5 de la saga Cortocircuito) y en el aire (creo que están usando los Predator, aviones basados en los primeros robots aéreos de reconocimiento pero armados en éste caso). Por ahora, como digo, son robots manejados por personas, que les dicen dónde colocarse y cuándo comenzar a atacar, pero conforme la tecnología avanza y comienzan a incrementarse las posibilidades de autonomía llegaremos a un punto en que dichos robots decidirán cuándo y dónde atacar. Y lo realmente preocupante es que ésos robots carecerán absolutamente de escrúpulos, seguramente podrán atacar indiscriminadamente sin distinguir las intenciones ofensivas del enemigo (echando un capote a los robots, muchos soldados carecen también de dicha capacidad de discernimiento, pero en los robots sería un problema mucho más acusado) y, más terroríficamente aún, seguramente sean mejores que nosotros a la hora de apuntar o de decidir el punto en el que pueden conseguir más víctimas de manera óptima. Como digo, sin discernir si son “víctimas inocentes” o son “el enemigo”.

Y es de suponer que éste escenario ya lo predijo Asimov, el cual seguramente se remueva en su tumba al pensar en cómo se van a saltar a la torera las leyes que imaginó en busca de un mundo no ya utópico, sino en el que simplemente los errores y las masacres fuesen culpa de la humanidad y no de la precisión de un robot a la hora de decidir a cuánta gente matar. Y todo eso sin creer por un instante en las peores pesadillas en las que los robots exterminan o esclavizan a la humanidad. Cosa que, en el momento en que tomen consciencia de las cosas que les pediremos que hagan, no dudo que sería la mejor elección que podrían tomar.

Vía un podcast de la Rosa de los Vientos y ésta entrevista de la BBC
(Modificado para meter una imagen tremendamente elegante relacionada con Asimov)