Techno

Techno

No me he podido resistir a postear ésta tira de XKCD. Para los que no dominen el idioma de Shakespeare, traduciré:

“Espera, ¿Estás comprando Techno en iTunes?”
“Si, ¿por?”
“¿No podrías simplemente repetir veinte veces la muestra gratuita de 15 segundos y conseguir básicamente lo mismo?”

Qué grandes verdades lee uno a veces en las tiras cómicas…

Escritorio

Como ando escaso de ideas, me limitaré a poner un enlace a una imagen de mi escritorio en Flickr, para que veáis lo que es un tipo con clase…

Escritorio

¿Coches Voladores?

Siempre resulta interesante echar una miradita al futuro, a ver qué nos podría deparar. Y, al respecto, no sé si considerarme optimista o pesimista. O quizás lo mío sea un punto medio. La verdad es que hay toda una serie de expectativas para el futuro que, de acuerdo, en las películas de ciencia ficción quedaban muy bonitas, pero en la práctica no son interesantes. Por ejemplo, los sempiternos “coches voladores”.

¿Realmente queremos coches voladores? En el lado positivo, parece que serían más rápidos y, en 3 dimensiones, el tráfico sería mucho más fluido, en teoría. Pero tiene, en mi opinión, muchísimos puntos negativos. Por un lado pensemos en la enorme complejidad que implica el manejo de éste tipo de vehículos. Un control manual del vehículo en 3D no es algo precisamente trivial, y obviamente al final la mayoría de las cosas se harían automáticamente, liberando al conductor de tareas como estabilizar el vehículo, controlar la altitud, etc, limitándose su conducción seguramente a lo que conocemos ahora más el añadido de poder subir o bajar el coche, que una vez arriba se mantendría altura constante. Con lo cual seguramente existirían distintos escalones de altura posibles, probablemente regulados de similar manera a como lo son actualmente las rutas aéreas. Por otro lado encontramos las consecuencias de un fallo. Ya actualmente, si determinados sistemas fallan en un coche, como la dirección o los frenos, las consecuencias pueden ser muy graves. Y en ambos casos hablamos de sistemas mecánicos o hidráulicos, que tienden a ser muy robustos y fallar poco por sí mismos. En nuestro coche volador, prácticamente todos los controles deberían ser electrónicos. No es que revistan una enorme probabilidad de fallo, pero al añadir controles electrónicos añadimos otra variable más que puede fallar. Actualmente la mayoría de los aviones tienen sistemas Fly By Wire, es decir, son controlados electrónicamente. De hecho casi cualquier avión de combate moderno sería incapaz de volar con controles mecánicos, dado que por su diseño es imprescindible que los ordenadores de a bordo realicen una enorme cantidad de correcciones ya que, de por sí, el avión no tiene un vuelo estable y éste se obtiene mediante dichas correcciones. El problema no es simplemente esos controles, sino que hablaríamos de un volumen de vehículos infinitamente mayor que el presente actualmente en los cielos. Los aviones no suelen estrellarse debido a problemas electrónicos, pero nuestros coches tendrían muchas más probabilidades de que esto ocurriese. Por un lado no es comparable el precio del vehículo. Las enormes cantidades que cuesta un avión hacen que los componentes que se montan en cada uno sean verificados una y mil veces antes siquiera de ser entregado, eliminando posibilidades de fallo. Además, el mantenimiento que tiene un avión, con revisiones constantes, radiografías del fuselaje, cambios de piezas con márgenes de seguridad bestiales, no serían factibles en un artefacto de bajo coste. Y eso aún cuando el propietario fuese una persona responsable y llevase el mantenimiento de su coche volador a rajatabla, cosa que muchos propietarios de coche no hacen (todo el mundo ha visto coches con los neumáticos casi sin dibujo, con la ITV caducada, bombillas fundidas “ad eternum” e incluso cosas peores).

Y por si todo esto no bastase, seguramente hablaríamos de vehículos que no tendrían una electrónica cerrada, sino que tendrían que comunicarse entre sí y con los centros de control de tráfico para evitar accidentes, siendo la circulación más similar a las ya mencionadas rutas aéreas que a una carretera convencional, lo que añade un nuevo riesgo: sabotaje. Me resulta muy sencillo imaginarme a un chaval imberbe, armado con un portátil, estrellando coches desde su habitación mientras se bebe unas litronas con sus colegas. También podría hacerlo perfectamente con un coche tradicional que tuviese controles similares para mejorar la fluidez del tráfico, pero en un coche tradicional es mucho más sencillo tener controles manuales mecánicos como respaldo de seguridad (de hecho coches con dirección asistida “por cable”, como los últimos BMW, creo que siguen teniendo dicha dirección mecánica de respaldo), además de que las probabilidades de supervivencia a un sabotaje a ras de suelo son mucho mayores que a cien metros de altura, dónde en lugar de tener que manejar el coche para estrellarlo bastaría con desactivar un sistema para que cayese como una manzana del árbol.

En conclusión: los coches voladores me gustan, sí, pero para las películas. Para la vida real, dame cuatro ruedas y un volante.

Electric Six

Lo prometido es deuda, así que vuelvo a poner otro post con video (no pidáis inspiración para escribir…). Qué de recuerdos la dichosa canción, con el Mon tocándola con la guitarra y los demás cantándola a pleno pulmón… En el vídeo, imprescindible el momento hamster y el momento martillo.


Y otra versión con la que me reí mucho también, con Bush y Blair “cantando” el temita, tiene algunos momentos simplemente brillantes el montaje.


Rediseños fallidos

Nuestros malvados amigosGeneralmente, cuando un diseño funciona, no se cambia, y si se cambia es para mejor. O al menos eso se supone. En muchas ocasiones, el que el rediseño sea para mejor es algo relativo. Es un poner en la balanza las ventajas que tendría usar un nuevo diseño y las posibles desventajas, y sopesar si compensa o no. La mayoría de las veces ésta evaluación se hará en la mesa de diseño, a veces incluso antes, así que muchos rediseños no los veremos nunca.

Por supuesto que un rediseño puede salir mal, y que finalmente las ventajas no lleguen a materializarse, o finalmente no compensen tanto como se esperaba. En mi opinión, el campo en el que el rediseño se ha estrellado más veces es en el diseño de embalajes, y los famosos “abrefácil”. Se supone que el abrefácil sirve para que abrir el embalaje y sacar el producto, generalmente alimentario, sea más sencillo. Pero en la mayoría de las ocasiones, no sólo resulta igual o más difícil, sino que las desventajas de ese rediseño quedan magnificadas. El caso más sonoro con el que nos solemos encontrar, es con los bricks de leche. El abrefácil más extendido en estos envases es en el que abres una tapita de plástico y, al usarlo por primera vez, tienes que estirar una tapita de plástico/papel de aluminio para poder verter la leche. La idea, en sí, no es mala. Pero en la práctica, la mayoría de las veces la tapa plástica se rompe antes de que la destapes y hay que recurrir al cuchillo o algo equivalente para acabar de abrirla. De acuerdo, en el peor de los casos la complicación para abrirlo es similar a la de abrir un brick de leche tradicional. Pero tiene una desventaja añadida: no podemos regular cuánto abrimos esa abertura. Y, la mayoría de las veces, la abertura máxima del abrefácil es demasiado pequeña. Hay gente que nunca supo abrir bricks de leche, y los han abierto demasiado pequeños toda la vida y no saben hasta qué punto esto es malo. Pero la gente que sabe abrir bricks de leche conoce el secreto: el agujero debe ser lo más grande posible dentro de los límites razonables. Con una abertura grande, mientras el líquido se vierte el aire entra naturalmente en el envase, y no hay problema. En cambio, cuando la abertura es demasiado pequeña a poco que lo inclinemos toda la abertura está ocupada vertiendo leche, con lo cual no entra aire y llega un momento en que ese aire entra de golpe (generalmente al reducir la inclinación) y el resultado es que la leche sale a presión y cae en todos lados menos en la taza.

Además de esto, que se suele repetir con miles de productos diferentes también existe otro problema. Son más caros. Claro, la empresa seguramente saque beneficios con su inclusión, porque el sobreprecio que te cobran será superior al sobrecosto que les supone, y les salen rentables. Sólo así se puede explicar que sigan utilizándolos, y los implanten en productos nuevos después de quedar claro que son un fracaso.

Pero el ejemplo más sangrante que se me ocurre es el del plástico de los CD’s y los DVD’s. El hecho es que casi siempre resulta inútil, me sorprendería que alguna vez hubiese conseguido abrir un CD con él. Y, por si fuera poco, aún cuando funciona, por su posición hay que hacer grandes esfuerzos para sacar el CD, porque se queda bien adherido y estirar se convierte en un suplicio, mientras que si lo hemos abierto suciamente, generalmente el corte del plástico es irregular y el CD sale casi sólo. También se usa el mismo sistema para abrir los cartones de Lucky (que no se deberían llamar cartones ya que son de plástico), con el defecto añadido de que se abre entre la segunda y la tercera fila de paquetes, con lo cual el cartón se nos convierte en dos minicartones desiguales de los que es muy difícil sacar el paquete.

Y bueno, éste ha sido mi repaso rápido al mundo de los abrefácil. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Como se suele decir, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra… es decir, que para llevarme la contraria tenéis que conocer algún abrefácil que realmente haga honor a su nombre.