¿Descanse en paz?

Llevo ya días intentando escribir algo por aquí. La verdad, no sé por qué me resulta tan complicado. Abro, escribo un par de frases sueltas, y me bloqueo, y al final acabo cerrando la ventanita desesperado. Y no sé por qué. Si nos atenemos a la historia, la verdad es que en otras épocas he escrito mucho por aquí, la mayoría de las veces auténticas tonterías sin sentido y sin interés. Pero eran mis tonterías, y esto era, digamos, alguna especie de ventana al mundo exterior.

Y no hablo de ventana al exterior de una manera completamente literal, sino que, bueno, en realidad hablaba de temas que no daban para una conversación, bien por tener un contenido en el que no me apeteciese profundizar demasiado por ser, valga la redundancia, demasiado profundo, o bien esos temas que sólo me interesan a mí y que, con tratarlos por encima, ya quedaba cierta constancia de mi interés por ellos.

Pero, irónicamente, ahora que mi vida social se reduce al mínimo y que, por tanto, la variedad de temas a tratar debería aumentar exponencialmente, precisamente por no tratar prácticamente ningún tema con nadie, me veo en un bloqueo mental que dura meses ya. Y no veo la luz al final del túnel. Me gustaría pensar que, como pasaba en cierto capítulo de los Simpsons, un exceso de temas hace de embudo, y al final ninguno pasa la criba. Seguramente el problema sea más profundo y debería ir preparando un cartelito en el que se lea “The Hell V 2.0 D.E.P.”.

Quizás podría solucionarlo cambiando la orientación del canal, o, mejor dicho, dándole una orientación. Generalmente, los blogs suelen tener un adjetivo. Algo así como “blog de música”, o “blog de deportes”… Espero que se entienda la idea. Pero The Hell no tiene adjetivo, ni lo ha tenido nunca. Como se lee a la derecha, es un “blog sin contenidos”, y nunca he encontrado una descripción mejor. Y quizás nunca la encuentre.

Pero, en todo caso, no me rindo. Y por eso el título de la entrada va entre signos de interrogación. Sigo trabajando, intentando buscar un objetivo para todo ésto. Han sido años, y bastante trabajo, lo que he invertido aquí, y aunque sea poca cosa, y ni el diseño gráfico ni el contenido merezcan la pena, me daría bastante rabia matarlo sin más.

Techno

Techno

No me he podido resistir a postear ésta tira de XKCD. Para los que no dominen el idioma de Shakespeare, traduciré:

“Espera, ¿Estás comprando Techno en iTunes?”
“Si, ¿por?”
“¿No podrías simplemente repetir veinte veces la muestra gratuita de 15 segundos y conseguir básicamente lo mismo?”

Qué grandes verdades lee uno a veces en las tiras cómicas…

Escritorio

Como ando escaso de ideas, me limitaré a poner un enlace a una imagen de mi escritorio en Flickr, para que veáis lo que es un tipo con clase…

Escritorio

¿Coches Voladores?

Siempre resulta interesante echar una miradita al futuro, a ver qué nos podría deparar. Y, al respecto, no sé si considerarme optimista o pesimista. O quizás lo mío sea un punto medio. La verdad es que hay toda una serie de expectativas para el futuro que, de acuerdo, en las películas de ciencia ficción quedaban muy bonitas, pero en la práctica no son interesantes. Por ejemplo, los sempiternos “coches voladores”.

¿Realmente queremos coches voladores? En el lado positivo, parece que serían más rápidos y, en 3 dimensiones, el tráfico sería mucho más fluido, en teoría. Pero tiene, en mi opinión, muchísimos puntos negativos. Por un lado pensemos en la enorme complejidad que implica el manejo de éste tipo de vehículos. Un control manual del vehículo en 3D no es algo precisamente trivial, y obviamente al final la mayoría de las cosas se harían automáticamente, liberando al conductor de tareas como estabilizar el vehículo, controlar la altitud, etc, limitándose su conducción seguramente a lo que conocemos ahora más el añadido de poder subir o bajar el coche, que una vez arriba se mantendría altura constante. Con lo cual seguramente existirían distintos escalones de altura posibles, probablemente regulados de similar manera a como lo son actualmente las rutas aéreas. Por otro lado encontramos las consecuencias de un fallo. Ya actualmente, si determinados sistemas fallan en un coche, como la dirección o los frenos, las consecuencias pueden ser muy graves. Y en ambos casos hablamos de sistemas mecánicos o hidráulicos, que tienden a ser muy robustos y fallar poco por sí mismos. En nuestro coche volador, prácticamente todos los controles deberían ser electrónicos. No es que revistan una enorme probabilidad de fallo, pero al añadir controles electrónicos añadimos otra variable más que puede fallar. Actualmente la mayoría de los aviones tienen sistemas Fly By Wire, es decir, son controlados electrónicamente. De hecho casi cualquier avión de combate moderno sería incapaz de volar con controles mecánicos, dado que por su diseño es imprescindible que los ordenadores de a bordo realicen una enorme cantidad de correcciones ya que, de por sí, el avión no tiene un vuelo estable y éste se obtiene mediante dichas correcciones. El problema no es simplemente esos controles, sino que hablaríamos de un volumen de vehículos infinitamente mayor que el presente actualmente en los cielos. Los aviones no suelen estrellarse debido a problemas electrónicos, pero nuestros coches tendrían muchas más probabilidades de que esto ocurriese. Por un lado no es comparable el precio del vehículo. Las enormes cantidades que cuesta un avión hacen que los componentes que se montan en cada uno sean verificados una y mil veces antes siquiera de ser entregado, eliminando posibilidades de fallo. Además, el mantenimiento que tiene un avión, con revisiones constantes, radiografías del fuselaje, cambios de piezas con márgenes de seguridad bestiales, no serían factibles en un artefacto de bajo coste. Y eso aún cuando el propietario fuese una persona responsable y llevase el mantenimiento de su coche volador a rajatabla, cosa que muchos propietarios de coche no hacen (todo el mundo ha visto coches con los neumáticos casi sin dibujo, con la ITV caducada, bombillas fundidas “ad eternum” e incluso cosas peores).

Y por si todo esto no bastase, seguramente hablaríamos de vehículos que no tendrían una electrónica cerrada, sino que tendrían que comunicarse entre sí y con los centros de control de tráfico para evitar accidentes, siendo la circulación más similar a las ya mencionadas rutas aéreas que a una carretera convencional, lo que añade un nuevo riesgo: sabotaje. Me resulta muy sencillo imaginarme a un chaval imberbe, armado con un portátil, estrellando coches desde su habitación mientras se bebe unas litronas con sus colegas. También podría hacerlo perfectamente con un coche tradicional que tuviese controles similares para mejorar la fluidez del tráfico, pero en un coche tradicional es mucho más sencillo tener controles manuales mecánicos como respaldo de seguridad (de hecho coches con dirección asistida “por cable”, como los últimos BMW, creo que siguen teniendo dicha dirección mecánica de respaldo), además de que las probabilidades de supervivencia a un sabotaje a ras de suelo son mucho mayores que a cien metros de altura, dónde en lugar de tener que manejar el coche para estrellarlo bastaría con desactivar un sistema para que cayese como una manzana del árbol.

En conclusión: los coches voladores me gustan, sí, pero para las películas. Para la vida real, dame cuatro ruedas y un volante.

Electric Six

Lo prometido es deuda, así que vuelvo a poner otro post con video (no pidáis inspiración para escribir…). Qué de recuerdos la dichosa canción, con el Mon tocándola con la guitarra y los demás cantándola a pleno pulmón… En el vídeo, imprescindible el momento hamster y el momento martillo.


Y otra versión con la que me reí mucho también, con Bush y Blair “cantando” el temita, tiene algunos momentos simplemente brillantes el montaje.