Nokia Morph (vía Noticias 3D)
Al final caí… y me compré una de esas cosas que me dará mucha vergüenza utilizar. Pero bueno, dicen que para cogerle el gusto a esas cosas, lo primero que hay que hacer es quitarse de encima la vergüenza. Es un trípode. Supongo que, en un principio sobretodo, le daré un uso muy limitado, pero bueno.
Finalmente, es más grande que el que miré en el Corte Inglés. Aquel tenía la ventaja de que se podía meter en cualquier lado, pero el que he comprado no es mucho más grande. Y, estirado, apenas tengo que inclinarme para usarlo, y si empiezo a usar la pantalla en vez del visor prácticamente no me inclinaré nada. Con el otro, tengo serias dudas de que pudiese hacer fotos sin hincar la rodilla en el suelo. Además, es notablemente más barato, y, para rematar la jugada, en vez de pagar yo, pagó mi padre.
Como punto negativo, y para colaborar a que lo vaya a usar demasiado si no voy acompañado, no es especialmente rápido de montar. Pero bueno, no aspiro a ser la leche. Simplemente lo quería para jugar con la cámara, poder utilizar exposiciones largas y ese tipo de cosas. Alguna fotografía nocturna sin necesidad de echar la foto a perder con ISOs altos, o incluso dedicarme al fabuloso mundo del autoretrato. Sobretodo, para usarla en interiores y que las fotos no se vayan a la basura como me pasó en la catedral de Jaén, por ejemplo. Nada trascendente. Nada que requiera un trípode que cueste una pasta, cosa también difícilmente justificable con una cámara barata y para dedicarse a usarlo de manera, seguramente, muy esporádica.
Pero como he comentado, sobretodo a Kike, lo de aficionarme a la fotografía… es un vicio caro. Y eso que soy un fotografucho de pacotilla. Pero claro, te compras la cámara. Una cutrecilla, pero que deja jugar bastante (Fuji Finepix S5600). Luego, te dejas un dineral en tarjetas de memoria (una de dos gigas, otra de uno, y la de 256 que me regalaron con la cámara, la de 16 que se supone era la original ni la cuento). Por supuesto una bolsa para transportarla que no sea la cutrez que te regalaban. Ahora, el trípode. Y sigo viendo con muy buenos ojos lo de comprarle algún filtro, un macro, un angular… en fin, gastos y más gastos que medio planea uno. No quiero ni imaginar el dinero que me gastaría o me gustaría gastar si tuviera una reflex…
Simplemente poner una fotillo del móvil nuevo al lado del viejo… (por si alguien no lo sabe, el negro es el nuevo y el blanco el viejo, y en ésta foto, aunque se ven en sí mucho peor se aprecia mejor la diferencia de uno a otro)
Parece mentira, pero finalmente ya he dejado de usar mi querido Nokia 3220. Realmente, es el único móvil al que le he tenido un cierto aprecio. La nuestra fue una historia cuando menos peculiar. Yo salía de una corta y tormentosa relación con un Motorola que no me dio más que disgustos. Se enfadaba conmigo, se apagaba y luego se empeñaba en que no era capaz de meterle la SIM como es debido. Finalmente, hace ya algo menos de dos años y medio, decidí romper con él pese a que podría haberlo reparado en garantía. Tampoco fui demasiado quisquilloso. Descartada la posibilidad de encontrar un móvil barato por culpa de lo corto de mi relación con el anterior, hubo que rascarse el bolsillo sí o sí.
En la tienda al Nokia me lo vendieron como un buen amante. No estaba yo demasiado convencido al ver su figura. Podéis llamarme superficial, pero sus protecciones de goma luminosas en los laterales le daban un aspecto demasiado cantoso. Parecía una pilingui que se hubiera pasado con el maquillaje. Las líneas del Siemens con el que dudé me resultaban mucho más atractivas. Pero con el tiempo le acabé cogiendo cariño. Siempre respondía a mis demandas. Nunca se quejó pese a que con el tiempo me volví descuidado y le traté peor de lo que se merecía. Los tiempos no perdonan y su aspecto exterior fue degenerándose, y el cadáver apagado que reposa junto a mí mientras escribo en poco se parece al de la imagen. Aquellas protecciones de goma que tantos peros me planteaban al principio acabaron cayendo después de haber perdido su envoltura gomosa. La pintura se descascarilló alrededor de la pantalla y la carcasa al final no se sostenía sola. Pero pese a ello, nunca dejó de ser mi amorcito.
Juntos hicimos nuestras primeras fotos con un móvil, e incluso vídeos. No le importó que insistiese en que mantuviese relaciones con mi PC mediante un cable, y que le metiese melodías polifónicas a cual más friki. Sufrió en sus carnes el polvo del Festimad y el hecho de que allí dejase que le usasen, y nunca se quejó. Tampoco le reproché yo la aparición de sus desperfectos externos, y si hubiese podido quizás le habría cambiado la carcasa y seguiría conmigo, pero la cirujía estética no alcanzaba a las partes que más necesitadas estaban de una renovación.
Juntos pasamos buenos y malos momentos. No pudo evitar el filtrar información malinterpretable, pero nunca se lo reproché porque la culpa era mía por dar lugar a malentendidos. Él sólo fue el fiel transmisor de la información. Probablemente la peor noche de mi vida la haya pasado mirándolo y escribiendo en él. Pero también, como he dicho, hemos vivido juntos experiencias interesantes. Conversaciones divertidas o que me han llegado al alma. Nos hemos reído viendo las fuentes del pilar congeladas y cómo metía la pierna hasta el fondo en agua helada. Ha soportado que, borracho cual cuba, me empeñase en hacer fotos de una placa base que había en el escaparate de una tienda porque el micro se insertaba en slot, y eso era una reliquia.
Tantas cosas… y de alguna manera extraña, las asocio con el móvil. Por eso le tengo cariño, cosa que nunca le tuve a ningún otro. Y por eso le dedico este post, porque tiene un huequecito en mi corazón, y también quiero que lo tenga aquí. Y vale, ahora os podéis descojonar de mí, que le dedico un post sentimentaloide a un objeto inanimado.


