El último libro que he leído y la última película que he visto comparten el título. Y también el nombre del protagonista. Y la base de la trama. Pero poco más.
Es uno de esos casos en los que te preguntas si el escritor del guión ha tenido el buen detalle de leerse el libro, porque parece que no fuese así. Pese a que se esfuerza por seguir la trama, cada escena que pasa te das más cuenta de que Soderbergh no entendió lo que estaba leyendo. El libro tiene dos protagonistas. Kris Kelvin (interpretado por George Clooney, cosa fácil de esperar en una película de Soderbergh) y Solaris, un planeta cubierto por un mar vivo. No digo que sea fácil conseguir en la película la sensación de protagonismo que tiene el planeta en el libro de Lem, pero es que ni siquiera lo han intentado, porque esas escenas oníricas en las que se ve el planeta no las consideraría un intento. Para suplir la incapacidad de mostrar a Solaris como se merece, intentan desplazar absolutamente todo el protagonismo a Kelvin, pero no funciona. Sobretodo al principio da la sensación de que faltan escenas, y resulta imposible explicarse por qué el protagonista hace lo que hace. Da la sensación de que sabe mucho más que tú, lo cual no es malo de por sí, si no fuese porque no hace ningún esfuerzo para que lo entiendas. Además, si el papel en sí es malo, George Clooney no consigue ni por un momento darle credibilidad al papel. Si no hubiese leído el libro, creo que aún estaría preguntándome de qué va la película.
Pero ahí no acaba todo. Los demás actores (pocos) tampoco es que lo hagan muy bien. Quizás se salvaría Snow (Snaut en el libro), aunque se trata de la típica actuación de “tipo raro con tics a tutiplén que habla crípticamente”. Pero si lo colocas al lado de la científica (que no actúa, o al menos no es ni mínimamente convincente) o la chica de la película, parece que se mereciese un Oscar. La chica de la película merecería su propio párrafo, pero no le daré esa satisfacción. He de reconocer que Natasha McElhone no es santo de mi devoción. Pero aquí se dedica a pasear su cara bonita (que a mí personalmente me pone nervioso) sin cambiar la expresión ni una sola vez. Puede ser una manera interesante de enfocar a Harey (aunque aquí le cambien el nombre, que ni siquiera pronunciaré), pero… no. No puedo preferir a esa gárgola antes que a la Harey melosa y ultradependiente, inocente y levemente manipuladora a la vez. Igual que hace Clooney con su papel, convierten un personaje rico y entrañable en una inexplicable y tosca caricatura.
En fin, si queréis verla, libres sois, pero no digáis que no os advertí. Si os interesa, leed el libro. Os llevará más tiempo, pero será un tiempo que dejará buen regusto. En cambio, ver la película de Soderbergh seguramente os deje confusos, quizás en los débiles de espíritu cree la sensación de que era más profunda de lo esperado y que no la han entendido (una de tantas mentiras gordas y peludas, que no os engañe, el que no la ha entendido es él e intenta disimularlo). Pero yo os diré cómo deberíais sentiros: estafados e insultados porque hayan sacado semejante despropósito a partir de un libro tan bueno.

