Charlas con el señor Negro

El señor Negro está sentado frente a mí, en el rincón más oscuro del pub, donde la oscuridad impide distinguir el negro de la cerveza de la oscuridad de los tablones que conforman la mesa, tablones oscurecidos por el barniz, el humo y los años. Se inclina hacia adelante, sujetando el vaso entre las dos manos y girándolo despacio, absorto, como si buscase algo en el rastro de espuma que va dejando la cerveza al bajar de nivel.

Pasan unos minutos así, ambos frente a frente, en silencio. Un silencio natural, ayudado, eso sí, por los tragos ocasionales de cerveza. No es hasta que mi pinta de cerveza negra está mediada cuando por fin comienza a hablar. Habla despacio, sin levantar la vista del vaso, como si hablase sólo:

-Dime, Chema, ¿qué opinas del amor? -me dice de sopetón-. Es decir, no te hablo de qué opinión te merece, sino algo más profundo. ¿Existe realmente el amor? ¿Puedes asegurarme que lo que sientes cuando alguien te atrae, te gusta, o como quieras llamar a esa reacción física, es lo que decimos que es?

Supongo que la cara de confusión que tengo en ese momento es bastante evidente, ya que no sé qué responderle al tema. Pero no importa, porque desde que ha empezado a hablar no ha levantado la vista, y es obvio que no espera una respuesta.

-Pogamos, como ejemplo, la monogamia. Simplemente como ejemplo. No es exactamente amor, pero se supone que tienen relación, que cuando amas a alguien debes ser monógamo y no encamarte con nadie más. En los animales, saber si tienen una sóla pareja, o varias a lo largo de su vida, o si se lo montan en plan bacanal, es muy sencillo. Les observas, ellos hacen lo que les dice el instinto y tu averiguas sus preferencias. Pero con el hombre, no funciona. Si observas a un animal, sabes que va a hacer lo que su instinto le dicta. Un animal no se para a pensar en tonterías. Pasa por delante de una hembra en celo, se da cuenta, e intenta fornicar con ella. Pero con el hombre, muchas características “innatas” no las conoceremos nunca. Tienes otra capa, la cultura, sociedad, da igual, que hace de filtro. ¿El hombre es monógamo o es en cambio la monogamia un vestigio de manipulaciones sociales pasadas?.

-Bueno -titubeo- ¿realmente importa?. Es decir, sea algo cultural, o instintivo, el caso es que “es”, existe, y aquí, y en éste preciso momento, podemos decir que el amor es tal y cual cosa.

-¿Estás seguro?. En cambio, dices “tal y cual cosa”, en lugar de darme una definición de lo que es. Ya lo sé, ahora me vas a salir con toda esa mierda de que el amor es algo indefinible, algo que se siente, y ya está. La misma mierda que nos ha vendido la moral imperante, para que no nos demos cuenta de lo que de verdad pasa.
-La realidad es que, mal que nos pese, no es una constante. Dependiendo de lo arraigada que esté en nosotros la cultura, nos rendimos en mayor o menor medida a ella. Tú eres un buen chico temeroso del qué dirán, y para tí el amor es algo puro y cristalino. Y me parece bien, no te confundas. Pero las estadísticas dicen que la cantidad de gente que reconoce ponerle los cuernos a su pareja es abrumadora. Y eso sin contar a los que lo hacen, pero no lo reconocen ni siquiera en una encuesta anónima. Sin contar las parafilias, que hay de todo. Fijo que a alguien le excita que le susurren “trisqueidecafobia” al oído. De todo esto sólo se puede sacar una conclusión, y es que el amor no existe, o al menos no es lo que pensamos. Algo que para cada cual tiene un significado distinto, que depende de dónde has nacido, cómo te han educado y lo retorcido que eres, no se puede considerar una verdad absoluta. No dejará de ser una opinión, y por lo tanto, no creo que se deba juzgar a nadie por ello.

-¿Pero tú me hablas de amor o de sexo? -replico, para no parecer un espectador pasivo de su monólogo.

-¿Acaso importa?

Y entonces, el señor Negro se levanta, apura su bebida de un trago y, como siempre, deja que pague yo mientras cruza la puerta y se va, desapareciendo hasta la próxima vez en que vuelva para darme algo en qué pensar.

Cobain

¿Te acuerdas? Ha pasado ya tanto tiempo, que parece que fuese en otra vida. Éramos jóvenes, algo alocados, y creíamos que podíamos con todo. No es que todo fuese como la seda, un camino de rosas, pero, ¿quién nos iba a decir que acabaríamos así?. Si ni siquiera esperaba llegar vivo al día de hoy. Tenía esa idea estúpida y romántica de la vida, toda aquella mierda de “vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”. No es que fuese verdad y yo aprovechase la vida como si cada segundo fuese el último, pero toda aquella música que escuchaba, aquella gente a la que admiraba, el rock…

No, no es que viviese en un mundo imaginario, pero en cierto modo todas esas cosas parecían más normales, más reales, de lo que me parecen ahora. Y también es cierto que conocía a gente y llevaba un estilo de vida que hacían que todo eso resultase más plausible. ¿Sabes que Kurt Cobain murió cuando tenía, más o menos, mi edad? Creo que la he sobrepasado por un mes o dos. Él murió siendo una leyenda, y dejando a la pequeña Frances detrás. Si yo lo hiciera ahora, nadie notaría ninguna diferencia. ¿Acaso hemos dejado alguna impronta en el mundo? Tú, seguramente, sí. Yo hace tiempo que mi vida entró en un bucle, o en una espiral que me lleva más y más al centro, a mí mismo, y me aleja del mundo anulando cualquier huella que pudiese dejar en él. Supongo que me lo he buscado, ¿no? Seguramente, ya venías viéndolo, y no hace falta que te lo diga. Pero todo el mundo dice a veces cosas que son totalmente prescindibles, y yo reclamo mi derecho a hacerlo.

Si no estuviese, y tuvieses que recordarme… ¿Qué recordarías de mí? No, no contestes. En realidad prefiero no saberlo. Pero, bueno, simplemente espero que, al menos, pudieses rescatar aunque fuese una cosa, con una me basta, que no fuese absolutamente mala. Y, en caso contrario, espero que tengas la bondad de mentir, llegado el caso, aunque sea un poquito…

Desvaríos sobre gatos y directores


Y, para volver, unos minutos musicales… El tema, para quién no lo sepa, se llama My Favourite Things, es de John Coltrane y fue la música de fondo que aparecía en mi "aventura gráfica" realizada con Macromedia Director. He de reconocer que, aunque al principio estaba bastante optimista con el invento que estaba llevando a cabo, al final la cosa no acabó siendo tan resultona como habría deseado, pero creo que el concepto tenía posibilidades, y aprendí bastante de Director llevándolo a cabo…

 

Dicho juego era, en realidad, bastante sencillo. Consistía en navegar por unas cuantas habitaciones (fotografías de mi casa, de hecho) en busca de un gato, llamado Lingo. Se podía cambiar de vista (cada habitación tenía cuatro) y para entrar en las puertas se hacía click en ellas. Recogíamos objetos y podíamos combinarlos entre sí (aunque era un sistema que tenía algún fallo) para, al final, cazar al animal. Con algo más de recursos, podría haber llegado a ser algo incluso decente, pero al menos fue divertido. Y me valió el aprobado (raspado, eso sí, pero tampoco quería más…).

De todos modos, si algo me descubrió el trabajo (al igual que el de Páginas Web) es que tengo una cierta tendencia a desbarrar con los trabajos. Me acabo centrando más en la experimentación pura y dura que en hacer que acabe teniendo un acabado atractivo, y así me van las cosas. Tanto en uno como en otro, seguramente podría haber hecho trabajos mucho más bonitos (y aprobables) con mucho menos esfuerzo, pero me empeñé en aprender a hacer ciertas cosas por mi cuenta, en darle más importancia al contenido que al continente… y no es lo que buscaban. Pero bueno, el pasado, pasado está… ahora la cosa es intentar no repetir dichos errores.

Desesperación

No puedo dormir. Ordeno y reordeno los apuntes. Invento nuevas y creativas formas de que el subrayado quede más claro. Maldigo mi teoría de que con un subrayador basta. Naranja, siempre he huido del demasiado-tópico-amarillo. Cuando lo compré, no había verdes. Vuelvo a la cama. Una vuelta a la izquierda, otra a la derecha. Subo y bajo el volumen de la película que hay puesta en el ordenador. No funciona. Nueva vuelta a la izquierda, nueva vuelta a la derecha. Pruebo sin sonido, pruebo sin imagen. Mismo nivel de éxito. El éxito tiende a cero, y el cero se seca. Repaso mis preocupaciones, y pese a haberlas, ninguna ha pasado por mi cabeza hasta que las he repasado. Tengo tantas ganas de dormir que las borro enseguida de mi mente. Abro la ventana y hay un mínimo nivel de ruido que me hace pensar que sea la causa de que sean las mil y siga despierto. La cierro y el calor es excesivo. Vuelvo a abrirla. Nueva vuelta a la izquierda, nueva vuelta a la derecha.

Me levanto de nuevo, me coloco las gafas y subrayo las ideas de Kant respecto al gusto estético. Voy a la cocina a por una cocacola, causa descartada al 100% del insomnio. Me cuesta más dormir sin cafeína corriendo por mis venas que con cinco cafés en el cuerpo. Tolerancia, lo llaman. Me trago un termalgin para el incipiente dolor de cabeza. Hago pasar la pastilla con un buen trago de cocacola. Maldigo el momento en que decidí pasarme a la zero, esto es como beberse una pepsi. Aunque es preferible a la cocacola del McDonalds, asquerosa agua sucia. Intento forzar mi mente a tener ganas de dormir: no me gusta la idea de haber tomado el termalgin para nada. Enciendo un cigarro. Muevo el ratón para que se encienda. Abro Camino y voy directo a la página de administrador de Blogsome. Write. Escribo dos párrafos llenos de basura.

T+1 MINUTO

Me invento un título para el post. Elijo una categoría para el mismo, presumiblemente Paranoias. Publish. Comprobación de faltas en la página del post. Manzanita+Q. Vuelta al principio. Repetir hasta que el sujeto se duerma o salte por la ventana. Tres pisos deberían bastar para entrar en sueño profundo. Probabilidades de despertar en tal supuesto: medias/bajas.

La gran aventura conversacional

Me acabo de encontrar con éste artículo, que me parece muy interesante. Trata sobre la imagen virtual que tiene la gente en internet, y el modo en que la “distorsionamos”, favoreciendo ciertos rasgos, aquello que nos interesa que sepan sobre nosotros. Yo siempre me he preguntado qué imagen doy por éste medio. No creo que sea muy distinta de lo que realmente soy, ya que mi presencia en redes sociales es relativamente escasa y éste blog tiene una difusión muy escasa y entre gente que me conoce bien, y no tendría sentido intentar engañaros conscientemente. Quizás mi subconsciente sí que sea algo oscurantista, pero generalmente creo que lo que leéis es lo que hay.

De acuerdo que en más de una ocasión se me ha acusado de ser “vago” en la descripción de ciertas cosas, en torno a los post más personales. Pero es que soy así en todos lados. Hasta aquella persona con la que más sinceridad haya tenido respecto a ciertos temas encontrará enormes lagunas alrededor de ciertos temas, que ni siquiera la cerveza es capaz de hacerme llenar mucho más de lo que veis por aquí. Hay muchas palabras biensonantes para describir ése rasgo mío. Podría usar el término “misterioso”, que quedaría de lujo si buscase citas a ciegas, o “reservado”, que siempre suena a tipo sensible y que no quiere importunar al resto con sus comeduras de cabeza. En realidad yo no usaría ninguna de las dos, aunque si os soy sincero no encuentro ninguna que sea apropiada para el concepto tal y como es en realidad. Quizás lo más apropiado sea retrotraerme a un parecido que siempre se me achacó, y decir que soy “Chema el silencioso”.

Pero abandonando el tema egocéntrico y volviendo al artículo, resulta asombroso y fascinante el juego que da internet desde un punto de vista sociológico. En ciertos momentos, y en determinadas situaciones, no puedo dejar de comparar internet con una asombrosa aventura conversacional con vida propia. Los más jóvenes quizás no las recuerden, de hecho yo llegué a jugar a ellas “de refilón”, tras haber descubierto que me gustaban las aventuras gráficas. Sobre éstas, las aventuras conversacionales tenían un cierto “encanto”, y me gustaría volver a verlas. Básicamente se trata de lo mismo que una aventura gráfica, sólo que sin gráficos. En vez de tener la imagen de nuestro personaje y moverlo por la pantalla haciendo cosas, en las aventuras conversacionales teníamos texto. Mediante comandos de texto, nuestro “personaje” se movía, y en pantalla se nos describía la escena que vemos. Cualquier cosa que nos describan en ésa escena es factible de recibir un comando “ver XxX”, al que seguía una descripción de dicho objeto. La verdad es que a mí siempre me fascinó ese concepto de juego. La necesidad de conocer bien los comandos que se podían usar, las descripciones, en algunos casos deliciosamente literarias, era otro mundo.

Si digo que internet me recuerda a aquellos juegos es por esa característica de las aventuras de ser del tipo “prueba y error”. Así como en el “mundo real” si fallas no vuelves a tener otra oportunidad, en internet generalmente sí que existen segundas oportunidades. Puedes hacerte múltiples cuentas en las redes sociales, una “profesional”, con la imagen que quieres dar a tus jefes, y otra “personal” para los amigos (Al respecto recuerdo con una sonrisa en la boca aquella cuenta que hice hace ni se sabe cuánto con dos amigos en Lycos, nuestro “alter ego” se llamaba “Rodolfo Valentino”… sin risas que nos echamos). Puedes probar distintas imágenes que das a la gente, abordar al personal de una determinada manera y, si es mal recibida, probar un nuevo estilo con la siguiente persona con la que hablas en busca de una mejor acogida. Y sin consecuencias reales.

Así que vivimos en una gran aventura conversacional. Y visto desde dicha perspectiva, podría resultar un juego fascinante. Yo, para bien o para mal, no soy demasiado bueno en dicho juego. Aunque me resulta tremendamente interesante las posibilidades que abre, no suelo explotarlas, por pereza o quién sabe por qué. Sólo hace falta ver mi cuenta de Facebook, desierta y sin vida, para ver que “no es lo mío”. Y a veces, en cierto modo, me produce cierta pena el no zambullirme en el estudio de dicho mundillo. Debería empezar a chatear más, o meterme en más foros, o quién sabe qué, y estudiar a la gente, ver cómo son y cómo actúan, la cara que ofrecen en medios diferentes.

Si es que debería haberme puesto a estudiar psicología, o algo así…