Las tres leyes de la robótica

Isaac Asimov1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda Leyes.

Isaac Asimov

Podría afirmar casi sin lugar a dudas que lo más seguro es que los robots no cumplan esas leyes, y eso que a cualquiera le parecen de lo más razonables. El tema es que, seguramente, los robots más avanzados sean usados con fines militares. Obviamente, antes de seguir habría que hacer la distinción entre robots autónomos y robots controlados por humanos. El segundo grupo ya prolifera en muchos campos, también con fines bélicos y rompiendo la primera ley de la robótica. También los hay con fines no-bélicos, obviamente, pero no acaban de venir al caso. Ejemplos de éstos robots serían, por ejemplo, los robots usados para la desactivación de bombas. Habría que hablar también, a parte, de un grupo intermedio. Robots que aunque no son manejados directamente por un humano, responden a órdenes introducidas antes por un humano. Por ejemplo los robots de las fábricas, o los aviones espía no tripulados, que suelen hacer una ruta que se les introduce previamente o sobre la marcha. Los aviones, por ejemplo, pueden tener cierto grado de independencia, de manera que si las condiciones cambian sus sensores le permiten modificar los parámetros para ajustarse al plan previsto. Existe una gran autonomía, pero aún necesitan una gran cantidad de datos de partida. Los robots plenamente autónomos son, obviamente, los que deberían ajustarse a las tres leyes. Un robot autónomo debería seguir las órdenes de un humano en caso de recibirlas, pero ésas órdenes pueden ser muy amplias y necesitar que el robot realice muchos cálculos que en los otros casos realiza el humano. Volviendo al ejemplo del avión, él mismo escogería la ruta, la altura óptima y podría tomar por si mismo la decisión de volver a casa en caso de que las condiciones no fuesen favorables. O podría él mismo escoger el objetivo hacia el que se dirige.

A donde quería llegar es a que estarían siendo usando robots con fines ofensivos. Manejados por humanos, sí, pero es el primer paso. En Irak ya se están usando robots armados en tierra (similares, para que nos entendamos, al entrañable Johny 5 de la saga Cortocircuito) y en el aire (creo que están usando los Predator, aviones basados en los primeros robots aéreos de reconocimiento pero armados en éste caso). Por ahora, como digo, son robots manejados por personas, que les dicen dónde colocarse y cuándo comenzar a atacar, pero conforme la tecnología avanza y comienzan a incrementarse las posibilidades de autonomía llegaremos a un punto en que dichos robots decidirán cuándo y dónde atacar. Y lo realmente preocupante es que ésos robots carecerán absolutamente de escrúpulos, seguramente podrán atacar indiscriminadamente sin distinguir las intenciones ofensivas del enemigo (echando un capote a los robots, muchos soldados carecen también de dicha capacidad de discernimiento, pero en los robots sería un problema mucho más acusado) y, más terroríficamente aún, seguramente sean mejores que nosotros a la hora de apuntar o de decidir el punto en el que pueden conseguir más víctimas de manera óptima. Como digo, sin discernir si son “víctimas inocentes” o son “el enemigo”.

Y es de suponer que éste escenario ya lo predijo Asimov, el cual seguramente se remueva en su tumba al pensar en cómo se van a saltar a la torera las leyes que imaginó en busca de un mundo no ya utópico, sino en el que simplemente los errores y las masacres fuesen culpa de la humanidad y no de la precisión de un robot a la hora de decidir a cuánta gente matar. Y todo eso sin creer por un instante en las peores pesadillas en las que los robots exterminan o esclavizan a la humanidad. Cosa que, en el momento en que tomen consciencia de las cosas que les pediremos que hagan, no dudo que sería la mejor elección que podrían tomar.

Vía un podcast de la Rosa de los Vientos y ésta entrevista de la BBC
(Modificado para meter una imagen tremendamente elegante relacionada con Asimov)

Buenas noches, luna

Sólo un vaso más. Sólo un trago más que me ayude a olvidar, a internarme en los dulces brazos de la inconsciencia y el olvido, de la ignorancia de los tiempos pretéritos. Dos cubitos de hielo, tres dedos de vodka, cuatro tragos. El recuerdo y el dolor se desvanecen, al menos por un rato, acompañados de esas neuronas que ya nunca volverán. El alcohol hace su efecto, eficaz a la par que inútil, haciéndome olvidar al tiempo que mañana esos recuerdos aparecerán más vívidos que nunca, al rememorar mis intentos de ahogar las penas en el olvido.

Pero el olvido nunca llega, el olvido nunca es gratis, y nunca es permanente si es lo que deseamos. Basta desear olvidar algo con todas nuestras fuerzas para grabarlo a fuego en lo más profundo de nuestro corazón, donde permanece por siempre y nos persigue como un fantasma en las noches de insomnio. Fantasmas del pasado, crueles, implacables, de los que nunca se logra escapar.

Delirios nocturnos que nos persiguen al entrecerrar los ojos… buenas noches, luna.

Sci-Fi was wrong

Pues sí. Como dice el título, la ciencia ficción se equivocó.

Actualmente, seguramente haya mucha gente que se encontrará muy decepcionada del mundo en que vivimos. No tenemos coches voladores, los viajes espaciales no son algo habitual, no hemos llegado a las estrellas, y un gran etcétera. En cambio, los coches siguen teniendo ruedas y utilizan motores esencialmente iguales que los de la primera mitad del siglo XX. El ser humano no ha ido más allá de la Luna, y tan sólo un puñado de veces hace cuarenta años. Y los turistas espaciales se pueden contar con los dedos de las manos.

Ya sabemos que para 2019 no habremos llegado al nivel de Blade Runner, no tendremos replicantes trabajando en minas en asteroides lejanos, nuestros coches no volarán ni el mundo será tan agobiante. Tampoco tenemos un mundo abiertamente dominado por corporaciones comerciales, como vaticinaban tantas novelas de ciencia ficción catastrofistas o como insiste el ciberpunk. Los robots sólo se ven en fábricas, y no se parecen en nada al ser humano, y los escasos robots humanoides que hay no dejan de ser “juguetes de feria”, esencialmente muy cercanos en su espíritu a los autómatas que tanto gustaban en el siglo XIX. Lo más parecido a un robot útil que cualquiera puede comprar hoy en día, es un cortacésped que se dedica a golpearse con las paredes, un perrito que da volteretas o un armatoste con forma de alienígena que nos informa de que tenemos correos electrónicos.

Obviamente no hemos entrado en contacto con razas extraterrestres, no estamos en guerra con ellos ni nada parecido. En lugar de usar ampliamente la energía atómica, seguimos teniéndole el mismo miedo irracional que hacía que la radiación crease hormigas gigantes en las películas de los años 50, aunque afortunadamente las armas nucleares no se han vuelto a usar contra nadie desde la segunda guerra mundial, y sólo se han detonado en zonas de pruebas alejadas de la población y que no han dado lugar a ningún lagarto gigante “estilo Godzilla”. Elementos habituales de la ciencia ficción, como aviones supersónicos o incluso hipersónicos, que permitiesen vuelos regulares transoceánicos en cuestión de minutos o escasas horas, fueron probados y desechados por su elevado coste. Los aviones de combate siguen siendo básicamente igual de rápidos que los de los años 60, no usan armas láser y, en muchos casos, tienen perfiles de ala básicamente iguales a los de entonces, como las alas delta.

Tan sólo la informática y la genética parecen llevar un desarrollo no muy lejano al que se podría esperar en la ciencia ficción. Nuestros ordenadores son más potentes de lo que se esperaba, y están más extendidos, aunque “desgraciadamente” no utilizamos ineficientes interfaces 3D de realidad virtual, y seguimos tecleando con los teclados QWERTY aún cuando no tiene sentido ya el usar una organización de teclas que ralentice el tecleo porque ya no hay máquinas de escribir que atascar. Y no tenemos humanos mutantes, aunque a cambio tenemos peces fluorescentes y hay empresas que se dedican a ofrecer la clonación de la amada mascota familiar recientemente muerta. Ética, lo llaman, aunque algunas personas la confundan con la caduca moral cristiana y pretendan evitar ciertos avances en absoluto dañinos e inmorales.

¿Algún día viviremos en el futuro que soñamos, o seguiremos decepcionados eternamente, sin saber valorar aquellas cosas en las que nos adelantamos al futuro?

Zeitgeist

Pues, por recomendación y empeño de Xavi, acabé viendo Zeitgeist. Que, bueno, se deja ver bien y tiene un título precioso (Zeitgeist significa a grandes rasgos “el espíritu de una era“). Como buen interesado en teorías conspiranóicas, no dejo de ser presa fácil para ése tipo de documentales. Mi opinión es que, como cualquier tipo de teoría en ese sentido, hay que creerse lo justo y necesario. Porque no soy aficionado a creerme ése tipo de teorías, sino simplemente a escucharlas. Muchas veces, se trata de hacer grandes mentiras basadas en pequeñas verdades que resultan interesantes.

Como buena teoría conspiranóica, el documental basa sus teorías en los dos grandes tópicos del género. Un gran gobierno en la sombra, y que nos manipulan cómo quieren. Cosas que no niego, pero que veo poco probable que sean tal y cómo nos cuentan. El mensaje final que envía es el de la manipulación. Cómo el cristianismo es una mentira para manipular al pueblo, cómo los ataques del 11S son una mentira y cómo los grandes bancos dominan el mundo manipulando la opinión pública. Se puede creer, o no creer, pero mi inclinación es la de ser bastante crítico con el tema. En cierto modo, mi principal razón es que, el primero que da la sensación de manipulador, es el documental. Me resulta altamente irónico que, para colocarnos en contra de algo, use un lenguaje y unos métodos muy similares a los que supuestamente usa ése algo contra el que debemos ir. El estilo visual y la manera de narrarlo todo, me recuerdan más a panfletos de propaganda totalitarista que a otra cosa. Parece una mezcla entre 1984 y los videos de La Naranja Mecánica, todo ello aderezado con algunos toques “new age”. Pero más allá de eso, la otra sensación que da es que se han sacado gran parte de las ideas de la manga. Te aportan pruebas, sobre cuya veracidad no puedo opinar, pero que aunque fuesen verídicas, no dan la sensación de ser determinantes.

Así que, en general, lo veo tremendamente sensacionalista y catastrofista. Y, por supuesto, “estadounidense-centrista”, ya que se supone que cuatro americanos determinan la voluntad del mundo. Y, lo más interesante de todo, es que no da ninguna razón para creerlo. Porque es incapaz de dejar clara cual sería la motivación para montar semejante tinglado, al menos no en la época actual. Si ese grupo de gente hiciese ésas cosas, ¿Cual sería su motivación? En principio habla de que los bancos querían hacer dinero. De acuerdo. ¿Pero ahora? ¿Por qué seguir más allá si con el actual estado de las cosas (siempre según el documental) ya tendrían todo el poder que podrían desear? No puedo ver como motivación el dinero, ni las ansias de poder, ni nada de éso. ¿Mantener el Statu Quo del que disfrutan actualmente? No, porque para que se rompiese tendría que haber quien lo conociese y tuviese poder para romperlo, y no se da ninguna de las dos premisas.

En resumen, me parece un interesante juego de política-económica ficción, pero no le veo mayor credibilidad. Entretenido, eso sí.

Utopía

En ocasiones pienso que vivimos en una época peligrosa. Tecnológicamente son momentos propicios para labrar un futuro esperanzador de libertad y conocimientos al alcance de la mano para cualquiera. Un futuro en el que las posibilidades para la gente excedan con mucho las que tenemos ahora. Realmente, ni siquiera habría que irse al futuro. Con un poco de colaboración y buena voluntad se podría conseguir. Hace tiempo leí que con la producción de huevos diaria de China se podría dar de comer a todas las personas del mundo un trozo de tortilla bastante considerable. Supongo que era un dato bastante falso, pero lo que sí es cierto es que a nivel alimenticio no debería haber ningún problema en que todo el mundo tuviese una cantidad de comida suficiente. Siempre y cuando hubiese un interés real por parte de los países en ello, cosa que no hay que ser un genio para saber que no es así. En realidad, el hambre y el sufrimiento de unos son beneficios para otros. Está claro que por eso vivimos en el mundo en que vivimos.

De acuerdo, todo esto de lo que he hablado tiene un nombre. Comunismo. Y sí, en los países en que ha habido comunismo las cosas han acabado mal, y las raciones de comida y bienes de primera necesidad que ha otorgado a la gente el estado han sido exiguas, a cambio de trabajar en fábricas inhumanas en horarios infernales. Pero es que en un comunismo a nivel global en que los bienes producidos por un país no se vieran circunscritos a sus fronteras sino distribuidos equitativamente por todo el mundo o al menos en su área de influencia éste tipo de problemas no deberían darse. En éste mundo comunista, países con grandes extensiones de cultivo alimentarían a sus vecinos, los productos de primera necesidad estarían al alcance de todo el mundo y cosas como el acceso a internet o a otros recursos tecnológicos básicos serían libres.

El problema de una sociedad comunista a nivel global sería, sin duda el estancamiento. La falta de competencia tiene esos efectos, para ello sólo hay que echar una ojeada a cualquier producto no bélico fabricado por la URSS durante su existencia. Los avances tecnológicos tienden a estar asociados a las empresas privadas. Por eso en éste mundo utópico habría que dejar ciertos márgenes a la competencia. Dar acceso gratuito a internet, pero como pasa en países que ya lo dan, dar opción a que el usuario pueda pagar más por un acceso más potente. Y conforme éstos niveles suban, mejorar al mismo ritmo los servicios gratuitos. Dar pan gratis a la gente, pero permitirles comprar caviar a precio de oro si se lo pueden y se lo quieren permitir. Transporte público gratuito, pero no impedir a la gente comprarse un coche. Y para todo esto, por supuesto, es necesario que la gente tenga un salario por su trabajo, un salario justo en relación con lo que hacen. Desde luego que seguiría habiendo clases sociales, y en cierto modo no es un mundo comunista en el que todos somos iguales. En realidad lo suyo sería hablar de un mundo capitalista, pero en el que al mismo tiempo todos, trabajen o no, tengan acceso a un nivel de vida aceptable. Algo perfectamente posible, pero que parece que nadie tiene interés en que se produzca. Se ve que resulta mucho más interesante matarnos entre nosotros, sea directamente o a base de negarnos el pan los unos a los otros.